SIN AMBAGES A NADIE LE IMPORTA

Por: Úrsula Angulo
Según el Reglamento Nacional de Tránsito, es una falta grave que un vehículo se detenga sobre el crucero peatonal. Y la sanción es una multa del 8 % de una UIT. ¿Y cuánto es eso? Pues esa traducción en soles no debiera provocar nuestra curiosidad porque el saber que es una falta debiera ser suficiente para asegurarnos de que ninguna parte de nuestro vehículo esté osando pisar el paso peatonal.
Sin embargo, si no lo recordabas porque la primera y última vez que viste el Reglamento Nacional de Tránsito fue el día del examen teórico para obtener la licencia de conducir, que sea la lógica la que detenga tu auto antes de ese crucero peatonal. Y que a esa lógica la acompañe tu intención de hacer lo correcto, incluso sin policía a la vista, sin testigos dentro o fuera de tu auto, sin chiguancos que posen en ti una mirada amenazadora.
Es en este momento que conviene recordarte, además, que, si ves a una persona con intenciones de cruzar el paso peatonal, pues debieras frenar y dejarla que atraviese esas líneas blancas con tranquilidad y sin que esta operación le dé una idea de cómo es un deporte de aventura porque pareciera que su vida corre peligro. Estarías haciendo lo que corresponde, sin aplausos ni admiración, es solo lo correcto.
Por cierto, tu apuro no es más importante que aquel del peatón. Si nada más te anima a dejarlo pasar, piensa que tú vas a lograr retomar la velocidad —permitida, ¿sí?— en cuanto el peatón haya llegado a la vereda de enfrente. En cambio, esa persona yendo a pie, si necesitara llegar sin demora a su destino, solo podría apurar el paso y eso no le asegura mucho.
Siguiendo con mi propósito persuasivo, piensa en el asombro y la sorpresa que tu deber y gentileza van a provocar en esa señora —o ese niño, o ese universitario, o esa escolar— que levanta la vista para buscar un semáforo en rojo; porque no encuentra otra explicación para que le sedas el paso. Piensa también en que quizá eso, el que hagas lo correcto y le permitas caminar sin temor podría provocar que con una sonrisa te haga una señal a manera de agradecimiento, y que eso te alegre, porque esa sonrisa ha salido quizá de entre muchas preocupaciones en la mente o esperando en casa.
Ahora, quizá muy equivocadamente crees que eres más importante que el peatón porque tienes un auto nuevo y carísimo, y al conducir te sientes como el actor guapo de una película. A nadie le importa.