GRAN CORSO POR LA VIDA Y LA FAMILIA

Por: Javier Del Río Alba -Arzobispo de Arequipa

EL PASTOR

Cada 25 de marzo, la Iglesia celebra la fiesta de la Anunciación del Señor, el día en que el arcángel Gabriel anunció a la Virgen María que Dios la había elegido para ser madre de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos del pecado y la muerte eterna. Con motivo de esa efeméride, además, en bastantes países se celebra el Día del Niño por Nacer. En el Perú fue instituido así mediante la Ley N° 27654 promulgada el 23 de enero de 2002. Pocos años después, en el 2007 comenzamos a celebrar en Arequipa el Corso por la Vida y la Famila, una gran fiesta que cada año congrega a más participantes. Recuerdo que la primera vez participamos unas tres mil personas, todas de la Iglesia Católica. El tiempo ha pasado y, poco a poco, la ciudadanía ha ido tomando conciencia de la importancia de celebrar la vida y la familia de modo público y comunitario, hasta el punto que se ha calculado que en el Corso del año pasado participó alrededor del 15 % de la población de Arequipa y varios miles, incluso de otras ciudades, lo siguieron por internet.

Numerosas delegaciones, no sólo de parroquias y movimientos eclesiales sino también de otras comunidades cristianas, entidades de la sociedad civil y la administración pública, instituciones educativas públicas y privadas de los distintos niveles, organizaciones populares, clubes, gremios, etc., se unen, caminando o danzando, entre cantos y otras muestras de júbilo, para celebrar con alegría y agradecimiento el don de la vida y la familia.

Como hace unos años escribió el papa Francisco, la promoción de la vida y la defensa del no nacido «debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo» (Gaudete et exsultate, 101). La vida es el primer derecho humano fundamental. Como lo demuestran las estadísticas mundiales, si la vida no es respetada y amada desde el inicio, es decir, desde el mismo momento de su concepción, poco a poco deja de ser valorada en otros momentos de su existencia: la vida de los pobres que se debaten en la miseria, la de las víctimas de la trata de personas con fines laborales o sexuales, la de los ancianos y enfermos, como también nos lo recuerda el papa y lo vemos con frecuencia.

La familia es el lugar por excelencia para la concepción, cuidado, promoción y defensa de la vida en todas sus etapas y circunstancias. Por eso, junto con la vida, estamos llamados a promover a la familia. Como también ha dicho el papa Francisco, no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad de quienes piensan de otra manera (Amoris laetitia, 35), sino que, por el contrario, la sociedad y el Estado tienen la grave responsabilidad de fomentar políticas que permitan a los jóvenes realizar su proyecto de formar una familia y contar con un hogar (Amoris laetitia, 43 y 44).

Los invito, entonces, a participar en el Corso por la Vida y la Familia este sábado 29 de marzo. Las delegaciones comenzarán a partir a las 3 p.m. desde el parque Mayta Capac con destino a la Plaza de Armas, donde tendremos una gran fiesta hasta el atardecer.

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