El triunfo de Kast redefine el escenario regional
Por Carlos Meneses
El nuevo ciclo chileno se inicia con altas expectativas y no pocos riesgos. La relación bilateral con el Perú tendrá ahora la oportunidad de fortalecerse en la acción concreta. El tiempo dirá si este giro a la derecha se traduce en soluciones duraderas o en nuevas tensiones. Por ahora, el mensaje ciudadano ha sido contundente y no admite indiferencia.
El triunfo de José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de Chile marca un punto de inflexión en la política del país vecino y reconfigura, inevitablemente, el tablero regional. La contundencia de la victoria —con presencia en las 16 regiones y un respaldo que trasciende antiguos bastiones ideológicos— expresa algo más profundo que un simple cambio de gobierno: refleja el cansancio de una parte importante de la ciudadanía frente a la inseguridad, la incertidumbre económica y la sensación de desorden que se instaló en los últimos años.
Kast, identificado con la derecha dura y con un discurso firme en materia de orden, migración y seguridad, capitalizó el miedo y la frustración social. Su retorno, tras haber perdido frente a Gabriel Boric hace cuatro años, no solo evidencia perseverancia política, sino también la mutación del clima social chileno. Allí donde antes se privilegiaban agendas de cambio estructural y reformas profundas, hoy prima la demanda por estabilidad, control y crecimiento.
Desde el Perú, la reacción del presidente José Jerí fue inmediata y políticamente significativa. La felicitación oficial y la invitación a realizar el Gabinete Binacional Perú–Chile en 2026 revelan una clara intención de mantener una relación pragmática, más allá de afinidades ideológicas. En tiempos de criminalidad transnacional, migración irregular y economías golpeadas, la cooperación bilateral deja de ser un gesto protocolar para convertirse en una necesidad estratégica.
No es casual que, en la conversación entre Jerí y Kast, uno de los temas centrales haya sido la seguridad. Perú y Chile enfrentan hoy desafíos similares: redes criminales que cruzan fronteras, trata de personas, narcotráfico y economías ilegales que se expanden con rapidez. Un eventual alineamiento en políticas de control fronterizo y cooperación policial puede fortalecer la respuesta regional, siempre que se haga respetando los derechos fundamentales y evitando salidas autoritarias.
Sin embargo, el triunfo de Kast también plantea interrogantes. Su discurso duro, especialmente en temas migratorios y de derechos civiles, genera preocupación en sectores que temen retrocesos democráticos. El desafío del nuevo presidente chileno será demostrar que el orden no está reñido con las libertades, y que la gobernabilidad puede construirse sin polarizar aún más a la sociedad.
Para el Perú, el mensaje es claro: los vientos políticos de la región están cambiando y la ciudadanía exige resultados concretos. La estabilidad, la seguridad y el crecimiento vuelven a ocupar el centro del debate. Más que celebrar o cuestionar ideológicamente el triunfo de Kast, corresponde leerlo como una señal de alerta y aprendizaje. Los pueblos votan, sobre todo, por quienes ofrecen respuestas frente al miedo y la incertidumbre.
