La economía peruana en 2025: estabilidad con brechas visibles

El año 2025 dejó al Perú con una economía que, sin grandes sobresaltos, consolidó una recuperación moderada tras varios ejercicios marcados por choques externos e incertidumbre política. La inflación controlada, el repunte del empleo formal y el crecimiento desigual entre sectores configuraron un panorama de estabilidad con matices, donde la confianza macroeconómica convive con desafíos estructurales aún no resueltos.

La inflación, que fue la gran preocupación global en años recientes, cerró el año en torno al 2 %, dentro del rango meta del Banco Central de Reserva. Este resultado no solo confirmó la eficacia de la política monetaria, sino también la credibilidad institucional que el Perú mantiene frente a otras economías de la región. Los precios estables ofrecieron previsibilidad a hogares y empresas, un factor clave para la recuperación del consumo y la inversión. Sin embargo, la estabilidad de precios no logró por sí sola reactivar plenamente la confianza empresarial, que hacia el último trimestre volvió a mostrar signos de cautela ante la volatilidad política interna.

En el mercado laboral, el avance fue claro pero desigual. La población ocupada creció, superando los 17,6 millones de trabajadores, con un mayor dinamismo del empleo formal —especialmente en servicios, agricultura y comercio—. Las mujeres registraron una participación más activa, pero las brechas de ingresos y el subempleo, que aún afecta a más del 40 % de los ocupados, evidencian que la recuperación no ha alcanzado a todos. El desempleo juvenil sigue siendo una de las heridas abiertas del modelo: uno de cada seis jóvenes continúa sin acceso a un empleo digno.

En el desempeño sectorial, la minería y los hidrocarburos volvieron a liderar la expansión, seguidos por la construcción, el comercio y la manufactura. El Producto Bruto Interno creció alrededor de 3,3 % durante el año, reflejando un repunte sólido pero todavía insuficiente para compensar los años de estancamiento. La pesca, con un crecimiento de más del 25 % en algunos meses, fue una de las sorpresas positivas, mientras que las telecomunicaciones registraron caídas puntuales.

El 2025 termina, así, como un año de recuperación sin euforia. El país logró estabilidad en sus variables fundamentales, pero la productividad, la inversión privada y la informalidad siguen siendo sus talones de Aquiles. De cara al 2026, el reto será sostener el crecimiento con mayor diversificación y equidad, evitando que el espejismo de la estabilidad oculte los rezagos que impiden al Perú traducir sus cifras en bienestar real.

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