El Día Mundial del Sistema Braille y la educación

Por Rubén Quiroz Ávila

Si ya es difícil el acceso al ecosistema educativo en igualdad de oportunidades, es aún más complicado para las personas con discapacidad visual. El nivel de la infraestructura de las instituciones educativas revela la real preocupación por aquellos que requieren de plataformas y entornos adecuados para el desarrollo de su talento. El axioma esencial e innegociable es que a todos los individuos les corresponde una educación de calidad. El diseño de la educación comprende, por definición, la incorporación de todos los seres humanos en un circuito virtuoso de enseñanza-aprendizaje y de transversalidad ética. Los gobiernos deben garantizar imprescindiblemente ello y destinar los recursos indispensables para que suceda.

Ahora, ¿cuántas organizaciones educativas tienen las estrategias y las implementaciones fundamentales para que las personas con discapacidad tengan las condiciones para su desarrollo personal? A veces existe una brecha inmensa entre lo declarativo y lo desarrollado. Es decir, la visión y misión de las instituciones pueden tener una perfecta construcción gramatical y un enunciado seductor. Sus propósitos suelen ser nobles e indiscutibles, pero lo que realmente nos dan los indicadores de su verdadero compromiso institucional son los hechos. ¿Hay bibliotecas con catálogos braille o sistemas análogos que favorezcan los estudios? ¿Sus edificios y vías de movilidad están pensados para la inclusión? ¿Su estructura administrativa facilita la experiencia de todos los perfiles, incluyendo los de las personas con discapacidad? Y, como un imperativo pedagógico, ¿sus docentes tienen las metodologías correspondientes para atender con eficiencia las diversidad de sus estudiantes?

Para algunas instituciones, cumplidoras de las exigencias normativas, acatan con lo mínimo, casi como un esfuerzo burocrático; hay otras, por los propios axiomas de su naturaleza y la moral de quienes la dirigen, que la convierten en oportunidades espléndidas para desplegar su filosofía de educación transformadora. Al fin y al cabo, la formación de las capacidades y maximizar su valor como personas tienen un impacto trascendental en la sociedad. Por eso requerimos de colegios y universidades que sean zonas pensantes, innovadoras, creativas, espacios de construcción de civismo y de humanidad.

De este modo, el sistema braille es un recordatorio de cómo, hace siglos, una persona totalmente convencida de que todos tienen la posibilidad de aprender y leer, creó esta forma de impacto positivo y desde su concepción íntegra, recta, decidida, de no dejar de lado a nadie. Nos dio un legado monumental para la posteridad, cual símbolo asertivo de lo que podemos hacer los humanos cuando pensamos en el otro. Y desde esa empatía se entiende que la tecnología está al servicio de la solidaridad y la comprensión de nuestra naturaleza en cada una de sus complejidades posibles que nos hace, a la vez, únicos.

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