¿OCDE? Algunas reformas importantes
Por: Nicolás Besich – Coordinador General Videnza Instituto

Hace ya 14 años, en el hoy lejano 2012, el Perú expresó su interés en adherirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Desde esa fecha muchas cosas de nuestra realidad nacional han cambiado –vacancias presidenciales, cierres del congreso, y pandemia incluidos. Sin embargo, en un país con pocas políticas de Estado que perduran en el tiempo, la intención del Perú por ser parte de la OCDE se ha mantenido como una política de Estado.

Esta política de Estado debe saludarse pues representa, como el mismo gobierno reconoce, “una oportunidad para emprender reformas sustantivas de gestión y políticas públicas, sobre la base de los estándares más exigentes, orientadas al fortalecimiento institucional del Estado para brindar servicios públicos de calidad en beneficio de la ciudadanía…”. Sin embargo, los retos que como país tenemos para ser aceptados como parte de la OCDE aún son varios y significativos.

En una reciente publicación, la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) ha sistematizado cinco alertas, dadas por la OCDE, que no podemos seguir ignorando si queremos fortalecer nuestra senda de crecimiento económico y desarrollo sostenible. Estas son:

Primero, el sistema tributario ineficaz. Recaudamos apenas el 17% del PBI, una de las tasas más bajas de la región, mientras perdemos más del 12% por evasión, informalidad y beneficios tributarios. Sin un sistema justo, simple y predecible, no hay cómo financiar salud, educación ni infraestructura. ¿Cómo sostener un Estado que gasta cada vez más, pero recauda poco?

Segundo, el gasto público ineficiente. Aunque invertimos más que el promedio de la OCDE, los resultados de nuestra inversión son alarmantes: 89% de hospitales con infraestructura inadecuada y la mitad de nuestras escuelas en riesgo de colapso son solo dos ejemplos de la ineficiencia y falta de calidad de nuestro gasto público. Como desde Videnza alertamos hace tiempo, mejorar la eficiencia en el gasto público, es tan o incluso más importante que aumentar los recursos disponibles; ¿de qué sirve añadir más agua a una tubería rota?

Tercero, la corrupción como mal endémico. Cada año nos cuesta 2.4% del PBI, más que todo lo invertido en pensiones o en la primera infancia. Este cáncer erosiona la confianza, frena la inversión y debilita las instituciones. Sin integridad, no hay desarrollo.

Cuarto, la informalidad. Siete de cada diez peruanos trabajan fuera del sistema formal. Esto limita la productividad, reduce la recaudación y perpetúa desigualdades. Formalizar no es solo un tema laboral, es una estrategia de crecimiento, que claramente requiere de nuevos enfoques a fin de no seguir fracasando.

Quinto, el deterioro fiscal. El Consejo Fiscal ya ha alertado sobre las nefastas consecuencias que una serie de Leyes aprobadas por el Congreso y validadas por el poder Ejecutivo pueden tener en nuestra sostenibilidad fiscal y nuestra credibilidad macroeconómica.

La OCDE advierte que, sin reformas, en 2070 nuestro PBI per cápita será apenas el 45% del promedio de sus países miembros. Con reformas, podríamos llegar al 65%. Iniciando un nuevo año y en medio de la campaña electoral, sería bueno exigir a los candidatos a la presidencia, y también a senadores y diputados su posición sobre el ingreso del Perú a la OCDE, y más importante aún, sobre las reformas y políticas necesarias para ingresar.

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