Marketing 5.0: I Análisis Político Moderno I Gestión de la Legitimidad

El inicio de la gestión política moderna: La Confianza, el Propósito Nacional y la Identidad.

Por Alicia Barco Andrade

Un evento de esta magnitud no se analiza solo desde la ciencia política, sino desde la reconstrucción de la confianza, el propósito nacional y la gestión de la identidad de un país. La caída de un régimen es un evento sísmico, pero la reconstrucción de una nación es una obra de arquitectura de precisión. Tras el estallido de júbilo que recorre hoy las calles de Venezuela y las capitales del mundo, surge una urgencia silenciosa pero determinante: pasar de la épica de la liberación a la ética de la gestión. Para que este momento no sea un espejismo, el nuevo liderazgo debe entender que su activo más valioso no es el poder recuperado, sino la certidumbre que sea capaz de proyectar.

La libertad es el aire, pero la institucionalidad es el suelo.

Sin ella, el país seguirá flotando en la incertidumbre. El primer paso de este «Plan de Vuelo» hacia la recuperación debe ser el anclaje institucional. No necesitamos más promesas mesiánicas; necesitamos reglas del juego claras y sagradas.

Un país que no respeta sus propias leyes es un país que no existe para el mundo del desarrollo. Por ello, el respeto a la propiedad y la vigencia de los contratos deben ser el primer decreto de la nueva era: la seguridad jurídica no es un lujo, es la base de la dignidad humana y el progreso económico.

Sin embargo, las leyes son solo letras si no son ejecutadas por manos íntegras. Aquí es donde entra la gestión de la legitimidad técnica. El mundo no está esperando ver políticos en los ministerios económicos; está esperando ver a los mejores talentos, a los técnicos cuya reputación sea intachable. La legitimidad de este nuevo gobierno no vendrá solo de las urnas, sino de su capacidad de resolver problemas con eficiencia y transparencia. La ética debe dejar de ser un discurso para convertirse en un sistema de auditoría constante.

Para que el capital —ese motor necesario para reconstruir lo destruido— regrese, Venezuela debe dejar de ser una amenaza para convertirse en un aliado. Esto requiere un diálogo estratégico con los stakeholders globales. La seguridad jurídica debe ser «blindada» mediante agencias independientes que protejan al inversor de los vaivenes políticos del futuro.

Debemos construir una República donde el éxito de un emprendedor o de una empresa extranjera no dependa del humor del gobernante de turno, sino de la solidez de sus tribunales.

Hoy, 3 de enero de 2026, Venezuela tiene la oportunidad de rediseñar su «Marca País» desde su esencia más pura: la resiliencia.

Pero la reputación no se construye con marketing, se construye con coherencia. Si logramos que la institucionalidad sea el eje, que la seguridad jurídica sea el compromiso y que la legitimidad sea el método, Venezuela no solo habrá recuperado su libertad, habrá asegurado su futuro. Es hora de demostrar que somos capaces de construir una nación tan grande como nuestras aspiraciones. La historia nos observa, pero los mercados y los ciudadanos nos juzgan por nuestros resultados. Construyamos, por fin, un Perú y una Latinoamérica con Propósito.

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