El verdadero impacto de la migración venezolana en el Perú

Por Rocío Velazco C.

La detención de Nicolás Maduro reavivó el debate sobre el fenómeno migratorio venezolano, un proceso que ha transformado profundamente la economía y la sociedad peruana. Más allá de los prejuicios y los discursos políticos, los datos muestran que los migrantes son hoy un actor clave en el consumo, el empleo y la recaudación fiscal del país.

SON 1,7 MILLONES DE EXTRANJEROS QUE VIVEN EN EL PAÍS

El verdadero impacto de la  migración venezolana en el Perú

La detención de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2025, reabrió el debate sobre las consecuencias económicas y sociales de la migración venezolana en el Perú, más allá del hecho político en sí. Este acontecimiento se convirtió en un punto de inflexión para replantear el análisis de los flujos migratorios y, sobre todo, para examinar el papel que la población venezolana desempeña actualmente en distintos sectores de la economía peruana: empleo, consumo, emprendimiento y generación de ingresos fiscales.

Desde hace varios años, la presencia venezolana en el país dejó de ser un tema vinculado únicamente a la asistencia humanitaria. Hoy constituye un fenómeno estructural con incidencia directa en el dinamismo económico nacional. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Mundial (2023), el impacto de esta migración se extiende más allá de la oferta laboral: se refleja en el movimiento del mercado interno, en el consumo cotidiano y en la diversificación de los servicios urbanos, precisó el economista David Espinoza Riega, asesor y consultor en inversiones.

DE LA CRISIS A LA INTEGRACIÓN

Agregó que diversos estudios coinciden en que un retorno masivo de la población venezolana no es un escenario probable en el corto plazo. Por ello, el análisis se desplaza hacia su contribución efectiva a la economía peruana, un aporte que —aunque todavía desigual— resulta significativo.

En la actualidad, el Perú alberga a más de 1,7 millones de venezolanos, convirtiéndose en el segundo país receptor a nivel mundial, después de Colombia, según cifras del ACNUR (2024). Esta presencia masiva ha generado transformaciones económicas y sociales visibles en las principales ciudades del país, desde Lima y Trujillo hasta Arequipa y Cusco, reveló Espinoza.

Los datos del Banco Mundial y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) revelan que el gasto de consumo anual de la diáspora venezolana en América Latina supera los 10 600 millones de dólares. En el caso del Perú, ese flujo de consumo impulsa el comercio minorista, el alquiler de viviendas, los servicios personales y la gastronomía urbana, consolidando a esta población como un nuevo motor de la economía local, sostuvo el doctor Espinoza Riega,

APORTE AL FISCO Y AL MERCADO INTERNO

Recordó que la OIM (2025) estima que la contribución tributaria de la población venezolana en el Perú superó los 530 millones de dólares en 2024, equivalente al 0,17% del Producto Bruto Interno (PBI). Si se considera que la mayor parte del gasto de esta comunidad se realiza dentro del territorio nacional, su impacto fiscal podría alcanzar hasta el 1,35% de los ingresos tributarios del Estado.

Refirió que este aporte se vería fortalecido si más migrantes logran acceder al mercado laboral formal. Actualmente, solo una fracción de los 1,7 millones de venezolanos trabaja en condiciones registradas, lo que limita el potencial recaudatorio y su estabilidad económica. “La regularización migratoria no solo amplía los derechos laborales, sino que impulsa la productividad y la recaudación”, señala un informe del Banco Mundial del 2023.

CONSUMO QUE DINAMIZA LAS CIUDADES

Los estudios del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2024) confirman que la población venezolana mantiene un nivel de gasto mensual per cápita cercano a los 823 soles, apenas por debajo del promedio nacional. Considerando la magnitud de la diáspora, este consumo representa más de 367 millones de dólares mensuales en las principales áreas urbanas, explicó el especialista en inversiones.

El efecto es tangible: barrios, mercados, restaurantes y servicios locales han experimentado un crecimiento sostenido asociado a esta nueva demanda. En Lima, Arequipa o Trujillo, el consumo venezolano ha contribuido a la reactivación de zonas comerciales y al fortalecimiento de pequeñas y medianas empresas peruanas.

¿EMPLEO INFORMAL?

En el ámbito laboral, añadió Espinoza Riega los migrantes venezolanos registran un ingreso promedio mensual de 956 soles. Aunque la tasa de participación laboral es alta, más del 80% se desempeña en la informalidad, según el INEI (2024b).

 Y reveló que solo 57 000 migrantes estaban insertos en el mercado formal hacia fines de 2024, pese a que un porcentaje considerable posee estudios superiores completos. En términos educativos, la población venezolana incluso supera en promedio a la peruana, lo que evidencia un desperdicio de capital humano.

Las trabas burocráticas en la regularización migratoria, el reconocimiento de títulos profesionales y la discriminación laboral impiden que muchos ejerzan sus profesiones. Este contexto ha provocado una sobreoferta de mano de obra en el comercio informal y en actividades de baja calificación, donde las brechas salariales se acentúan fuera de Lima.

EMPRENDIMIENTO Y DINAMISMO URBANO

Pese a las limitaciones, la población venezolana ha desarrollado una notable capacidad emprendedora. Miles de pequeños negocios —restaurantes, barberías, tiendas de ropa, servicios de belleza y reparto a domicilio— son gestionados por migrantes. Estas iniciativas no solo generan autoempleo, sino que dinamizan sectores intensivos en consumo y fortalecen la economía barrial.

De acuerdo con el Instituto Peruano de Economía (IPE, 2024), remarcó Espinoza el impacto se percibe especialmente en sectores como la alimentación, la vivienda y los servicios personales. En ciudades como Arequipa, el comercio impulsado por venezolanos ha contribuido a revitalizar zonas tradicionales y a diversificar la oferta gastronómica, integrándose progresivamente al tejido económico local.

REMESAS Y REDES TRANSNACIONALES

El fenómeno migratorio también ha generado nuevas redes económicas transnacionales. Una parte importante de los hogares venezolanos en el Perú envía dinero a sus familias en Venezuela. Las remesas promedio se estiman en 199 soles mensuales por hogar, según el INEI.

Si bien esto implica una salida parcial de recursos, también demuestra la capacidad de generación de ingresos y la conexión económica entre países. El flujo constante de remesas se ha convertido en una fuente vital para millones de familias venezolanas que aún enfrentan crisis en su país de origen.

PERCEPCIONES Y REALIDAD

Uno de los temas más controvertidos en el debate público es la supuesta relación entre migración y delincuencia. Sin embargo, los estudios más recientes de la OIM y el IPE (2024) no hallan evidencia de un aumento desproporcionado de la criminalidad atribuible a los migrantes. En términos relativos, la proporción de venezolanos privados de libertad es similar a la de peruanos.

La percepción de inseguridad, alimentada en parte por discursos políticos y mediáticos, contrasta con los datos objetivos. “El desafío es separar los prejuicios de los hechos”, advierte el informe de la OIM. “Reducir la migración a un problema de seguridad invisibiliza su aporte real al país.”

RETOS PARA EL ESTADO PERUANO

El economista Espinoza Riega sostiene que desde la perspectiva de políticas públicas, el verdadero desafío no radica en la magnitud del fenómeno migratorio, sino en la capacidad del Estado peruano para gestionarlo de manera eficiente e inclusiva.

Expertos coinciden en que avanzar en procesos de regularización, inclusión laboral y reconocimiento de competencias profesionales permitiría maximizar los efectos positivos de la migración. Ello requiere políticas de integración productiva, programas de capacitación y la creación de marcos normativos que faciliten la contratación formal.

La migración venezolana —que comenzó como una crisis humanitaria— se ha transformado en un fenómeno económico de largo plazo. Su correcta gestión puede generar beneficios sostenibles tanto para los migrantes como para la sociedad peruana. No se trata solo de acoger, sino de integrar.

OPORTUNIDAD PARA EL DESARROLLO

Lejos de representar una carga, la migración venezolana constituye una oportunidad para el desarrollo nacional. La evidencia económica lo respalda: los migrantes consumen, pagan impuestos, trabajan, emprenden y contribuyen a la diversidad cultural y productiva del país.

Convertir este fenómeno en una ventaja requiere visión estratégica. Una política de integración bien diseñada podría no solo mejorar la calidad de vida de los migrantes, sino también fortalecer la productividad, la recaudación fiscal y la cohesión social del Perú, propuso el reconocido profesional.

El reto está planteado: pasar del asistencialismo a la inclusión económica plena. En ese camino, la población venezolana ya ha demostrado ser más que una cifra en los registros migratorios; es parte activa del motor que impulsa la economía peruana contemporánea.

La OIM (2025) estima que la contribución tributaria de la población venezolana en el Perú superó los 530 millones de dólares en 2024, equivalente al 0,17% del Producto Bruto Interno (PBI). Si se considera que la mayor parte del gasto de esta comunidad se realiza dentro del territorio nacional, su impacto fiscal podría alcanzar hasta el 1,35% de los ingresos tributarios del Estado.

Este aporte se vería fortalecido si más migrantes logran acceder al mercado laboral formal. Actualmente, solo una fracción de los 1,7 millones de venezolanos trabaja en condiciones registradas, lo que limita el potencial recaudatorio y su estabilidad económica. “La regularización migratoria no solo amplía los derechos laborales, sino que impulsa la productividad y la recaudación”, señala un informe del Banco Mundial (2023).

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