Cuando el gasto público avanza, pero los proyectos no

Por: Álvaro Cubas Cunyas, economista del Consejo Privado de Competitividad

PERÚ COMPETITIVIDAD

A primera vista, el desempeño de la inversión pública en Arequipa durante 2025 podría considerarse aceptable. La región ejecutó S/2.508 millones de un presupuesto de S/2.946 millones, alcanzando una tasa de ejecución de 85,1%, prácticamente en línea con el promedio nacional (85,2%) y solo marginalmente por debajo de regiones como Tumbes o Loreto. Además, la inversión creció 8% respecto a 2024, lo que refuerza la percepción de un año fiscal dinámico. Sin embargo, un análisis más profundo de los datos revela que este resultado convive con problemas que limitan el impacto real del gasto público.

Uno de ellos es la magnitud de los proyectos sin ejecución. En 2025, Arequipa registró 572 proyectos con ejecución cero, equivalentes al 15,8% del total de proyectos con presupuesto. Este porcentaje no solo supera el promedio nacional (14,3%), sino que ubica a la región en la séptima posición a nivel país. La desagregación por funciones muestra que el 51% de los proyectos sin ejecución se concentra en Transporte, Saneamiento y Educación, áreas vinculadas a servicios básicos con impacto directo en la calidad de vida.

Una parte relevante de estos 572 proyectos corresponde a inversiones que permanecen abiertas durante varios años sin llegar a culminarse. Dentro de este grupo, Arequipa mantiene 397 proyectos que, en conjunto, cuestan S/ 2.690 millones y solo han ejecutado alrededor del 6% de su costo total. Este dato es clave porque evidencia una cartera de inversión con bajos niveles de avance, en la que el paso del tiempo no se ha traducido en mayor impacto del gasto público ni en mejoras efectivas para la población.

La situación resulta aún más preocupante al observar los proyectos de mayor envergadura. Los diez proyectos más costosos que no registraron ejecución en 2025 suman S/811 millones y ninguno ha superado el 10% de avance histórico. Cuatro de estos proyectos no registran avance a la fecha, destacando el mejoramiento de tramos de la carretera PE-1S en los corredores Arequipa–La Joya y Atico–Caravelí con un costo de S/131 millones y fue aprobado en el 2020.

A ello se suman cinco proyectos que no registran avances desde más de 3 años. Un caso ilustrativo es el proyecto de mejoramiento y ampliación del sistema de tratamiento de aguas residuales en los distritos de Camaná, Samuel Pastor y Nicolás de Piérola con un costo de S/102 millones y que no ejecuta recursos desde 2020. Este tipo de paralización prolongada no solo inmoviliza recursos públicos, sino que posterga la provisión de servicios básicos con impacto directo en la salud y el bienestar de la población.

La radiografía de Arequipa en 2025 deja una lección clara. Mejorar la tasa de ejecución anual, aunque necesario, es insuficiente si no se acompaña de una gestión activa del stock de proyectos. Ejecutar más no garantiza mejores resultados cuando una parte significativa del portafolio permanece estancada, sin avances reales y sin decisiones oportunas de priorización, reordenamiento o cierre.

El desafío para la región no pasa únicamente por acelerar el gasto, sino por gestionar el avance y el cierre de su portafolio de inversiones. Sin una estrategia que priorice la culminación efectiva de los proyectos en marcha, Arequipa seguirá mostrando buenos porcentajes de ejecución, pero con un impacto limitado sobre el cierre de brechas y la calidad de vida de su población.

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