El 81% cree que la política empeoró y 82% considera que no sabemos elegir
Por Jorge Turpo R.
Una encuesta nacional de la UCSM revela un profundo desencanto ciudadano. El estudio muestra además un país fragmentado, atravesado por racismo, injusticia, corrupción y una democracia debilitada.
SEGÚN ENCUESTA DE LA UCSM
A tres meses de las elecciones presidenciales, la política peruana atraviesa uno de sus momentos más críticos, no solo por la atomización extrema de partidos y candidatos, sino por la profunda decepción ciudadana frente al sistema democrático. Esa sensación de hartazgo, desconfianza y desencanto quedó reflejada con nitidez en la encuesta de cultura ciudadana elaborada por la Universidad Católica de Santa María (UCSM) a nivel nacional y analizada en el libro “Populismo o popularidad: la certeza en la política peruana”, presentado esta semana.
Los resultados son contundentes. En el sur del país, el 81% de los ciudadanos considera que la política ha empeorado. En Lima, la percepción negativa alcanza el 71%; en el centro, el 65%; en el norte, el 80%; y en el oriente, un alarmante 86%. El promedio nacional bordea el 77%, un indicador que revela una decepción acumulada que ya no distingue regiones ni coyunturas: la política, para la mayoría, dejó de ser una herramienta de solución y se convirtió en parte del problema.
La encuesta también confirma que el malestar no se limita al ámbito político. Cuando se consulta por la situación económica, el sur vuelve a destacar con un 76% que considera que esta ha empeorado, aunque es superado por el oriente, donde el 80% comparte esa percepción. A nivel nacional, el promedio alcanza el 72%. Desempleo, subempleo e informalidad sostenida aparecen como las principales razones de esta mirada pesimista. Política y economía, deterioradas al mismo tiempo, configuran —como advierten los analistas— un horizonte de declive: una afecta la sobrevivencia cotidiana y la otra erosiona la fe en la democracia.
Federico Rosado, uno de los editores del libro y jefe del Departamento Académico de Estudios Generales de la UCSM, sostuvo durante la presentación del texto que el empeoramiento de la política en todas las regiones es una factura que arrastra el país desde hace años. “La mediocridad de los partidos políticos los coloca como principales responsables del colapso democrático. Una política nociva termina siendo un componente unificador: todos coinciden en el desencanto”, explicó.
La encuesta revela además un país profundamente fragmentado. El 44% de los encuestados considera que el Perú está dividido, aunque esta percepción se dispara en Lima y Callao, donde llega al 86%, y en el oriente, con 78%. Más del 80% de los ciudadanos coincide en que existe racismo y el 87% cree que predomina la injusticia. Estos indicadores describen una nación atravesada por desigualdades persistentes, exclusión social y resentimientos históricos que siguen sin resolverse.
En esa misma línea, Rosado subrayó que hay dos temas que unen a todas las regiones: el racismo y la ausencia de justicia, ambos con promedios cercanos al 85%. A ello se suma una evaluación negativa de los procesos de descentralización. Para los encuestados, los proyectos descentralizadores fracasaron, el centralismo mantiene su hegemonía y las miradas etnocéntricas departamentales siguen siendo sólidas, profundizando la distancia entre regiones.
La lucha contra la corrupción aparece también como un elemento unificador, pero por razones negativas. En todas las zonas del país, la calificación es mayoritariamente “muy mala”. Según el análisis del libro, la degradación ética se ha institucionalizado de tal forma que la corrupción se volvió habitual y, lo más peligroso, insensible para buena parte de la ciudadanía.
Otro indicador clave es el respeto a la Constitución y a las leyes. La encuesta demuestra una cultura democrática frágil, con tendencia a la inviabilidad. El incumplimiento de normas, el desconocimiento de derechos y deberes y la desconfianza en el sistema legal refuerzan, según Rosado, la tesis del agotamiento democrático. “Si bien señalamos a los partidos como causantes principales, también hay una ciudadanía que no ejerce plenamente su rol”, advirtió.
Esa crisis de representación se expresa con claridad en el sexto indicador: la desaprobación generalizada de las autoridades. Ningún candidato supera el 15% de intención de voto. Pero el dato más demoledor aparece cuando se pregunta si los ciudadanos saben elegir a sus autoridades: el 82% —y en algunas mediciones hasta el 87%— considera que los peruanos no saben votar. El elector promedio, revela el estudio, dedica más tiempo a escoger una prenda de ropa que a decidir quién ocupará la Presidencia de la República. Muchos definen su voto el mismo día de la elección, sin revisar planes de gobierno, hojas de vida ni equipos técnicos.

El rector de la UCSM, Jorge Luis Cáceres Arce, señaló que Populismo o popularidad debería convertirse en una guía obligatoria para los candidatos que aspiran a cargos públicos en las elecciones del próximo 12 de abril. “Con esta publicación, la universidad reafirma su compromiso con el desarrollo del país y con la construcción de una cultura política más crítica y responsable”, sostuvo.
La encuesta ofrece, en suma, un espejo incómodo. No solo desnuda el fracaso de la clase política, sino también una ciudadanía atrapada en un círculo vicioso de desconfianza, apatía e ignorancia consentida. Ocho de cada diez peruanos creen que no saben elegir, y esa autocrítica, lejos de ser un consuelo, es una advertencia. El país desconfía del Estado, de los partidos, de los jueces, pero también del vecino y del ciudadano anónimo. Esa desconfianza convierte al Perú en un archipiélago de voluntades aisladas, sin puentes ni relatos comunes. El sur, con su mezcla de indignación y lucidez, aparece como el espejo que nadie quiere mirar.
