Trump y el giro económico : ¿oportunidad o amenaza para América Latina?

Por Rocío Velazco C.

EE.UU. establecer arancel general del 10% a las importaciones.

ANÁLISIS PROSPECTIVO

El inicio del segundo mandato de Donald J. Trump en enero de 2025 marcó un punto de inflexión en la orientación económica y comercial de los Estados Unidos, con efectos que trascienden sus fronteras. El retorno del republicano a la Casa Blanca ha traído consigo un renovado impulso proteccionista, acompañado de decisiones que reconfiguran las relaciones comerciales globales y que, de manera inevitable, alcanzan a América Latina y al Perú.

A diferencia de los análisis retrospectivos centrados en su primer periodo (2017–2021), esta mirada se enfoca en las implicancias prospectivas de las políticas aplicadas desde 2025, en un contexto de mayor fragmentación geopolítica y volatilidad económica. La adopción de medidas como el arancel general del 10% a las importaciones, la continuidad de la Sección 232 para acero y aluminio, y la persistencia de la disputa comercial con China, generan un entorno internacional más incierto, con riesgos y oportunidades para las economías de la región, sostiene el economista David Espinoza Riega, consultor y asesor en inversiones.

En abril de 2025, el gobierno estadounidense impuso un arancel base del 10% a todas las importaciones, bajo el argumento de “defender la producción nacional” y corregir los déficits comerciales. Esta decisión encareció el acceso al mercado estadounidense, afectando de manera directa a exportadores de todo el mundo. Para América Latina, que depende en buena medida del comercio con Estados Unidos, la medida implica una pérdida de competitividad y una presión adicional sobre sectores manufactureros y agroexportadores.

En paralelo, la administración Trump ratificó la Sección 232, que mantiene aranceles de hasta 25% sobre el acero y el aluminio. Si bien su objetivo es “proteger la seguridad nacional”, su efecto ha sido elevar los precios globales de los metales, con repercusiones sobre los costos de infraestructura y manufactura en países como México, Brasil, Chile y el propio Perú, precisó el economista.

Explicó que la prolongación del régimen 301 contra China también refuerza las tensiones comerciales, alimentando un clima de incertidumbre que desalienta inversiones y perturba las cadenas globales de valor. América Latina, que depende de la demanda de materias primas y bienes intermedios, es particularmente sensible a esa desaceleración global.

AL ANTE ESCENARIO DE FRICCIÓN COMERCIAL

La región enfrenta el nuevo ciclo proteccionista estadounidense con vulnerabilidades estructurales. Solo el 8% del comercio mundial proviene de América Latina, y gran parte de sus exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense. Las medidas arancelarias, sumadas a la posibilidad de represalias cruzadas entre potencias, podrían ralentizar las exportaciones y afectar los ingresos fiscales de varios países.

David Espinoza Riega.

Espinoza Riega recordó que durante el primer mandato de Trump, las tensiones arancelarias de 2018 y 2019 ya habían provocado una desaceleración del comercio global y una caída de la inversión extranjera directa (IED). De acuerdo con la CEPAL, entre 2017 y 2018 los flujos de IED hacia la región se redujeron en un 6%, debido al entorno de incertidumbre. Hoy, el escenario de 2025 parece repetir ese patrón, aunque con nuevas dinámicas: las inversiones que llegan se concentran más en reinversión de utilidades que en nuevos proyectos productivos, lo que limita su efecto multiplicador sobre el empleo.

En paralelo, la política migratoria más restrictiva de la nueva administración ha comenzado a afectar los flujos de remesas que sostienen a millones de hogares latinoamericanos. Según estimaciones de la Americas Society/Council of the Americas, las remesas hacia la región —que en 2025 superaron los 175 mil millones de dólares— muestran ya señales de desaceleración, con impacto directo en el consumo interno de economías como México, El Salvador o Guatemala.

PERÚ, ECONOMÍA ABIERTA ANTE ENTORNO HOSTIL

Para el Perú, cuya economía se caracteriza por una fuerte apertura comercial, el impacto de las políticas de Trump es especialmente relevante. En 2025, las exportaciones peruanas superaron los US$ 89 000 millones, representando más del 25% del PBI nacional. De ese total, cerca de US$ 9 400 millones tuvieron como destino el mercado estadounidense, principal socio comercial del país, remarcó David Espinoza.

La introducción del arancel base del 10% afectó aproximadamente al 70% de los envíos peruanos a Estados Unidos, según estimaciones del Banco Central de Reserva. Sin embargo, el impacto ha sido parcialmente mitigado por las exenciones arancelarias específicas que Washington concedió a más de un centenar de productos agrícolas peruanos, valorados en alrededor de US$ 1 200 millones. Esta medida benefició a exportaciones como la palta y la uva, aunque excluyó a otros productos de alto valor agregado como los arándanos, uno de los más dinámicos del portafolio exportador peruano.

En consecuencia, la nueva política comercial estadounidense ha generado ganadores y perdedores dentro del propio sector exportador peruano. Mientras los agroexportadores con exenciones mantienen su acceso competitivo, otros rubros enfrentan márgenes de rentabilidad reducidos y posibles desplazamientos por parte de competidores con mejores condiciones arancelarias, sostiene el consultor en inversiones.

MINERÍA RIESGOS Y OPORTUNIDADES

El sector minero peruano enfrenta un panorama más ambivalente. Por un lado, los aranceles y sobrecostos derivados del proteccionismo estadounidense pueden elevar los precios de maquinaria y bienes de capital, encareciendo la inversión en nuevos proyectos. Pero, por otro, el énfasis de Washington en asegurar el suministro de minerales críticos —como el cobre y el litio— abre una ventana de oportunidad para el Perú, siempre que logre consolidar estándares ambientales, trazabilidad y acuerdos de suministro de largo plazo.

En ese contexto, la posibilidad de atraer inversiones vinculadas al “nearshoring” —la relocalización de cadenas de suministro hacia países más cercanos y políticamente estables— podría favorecer al Perú, que combina estabilidad macroeconómica, abundancia de recursos y una red creciente de acuerdos comerciales. No obstante, el desafío radica en mejorar su infraestructura logística, seguridad jurídica y capacidad regulatoria, factores determinantes para competir por esas oportunidades.

ESCENARIOS PROSPECTIVOS

Los analistas económicos plantean tres posibles escenarios para el periodo 2025–2027:

Un giro político con implicancias económicas

El estilo político de Trump —transaccional y orientado al poder de negociación bilateral— también tiene implicancias institucionales para la región. En esta lógica, el acceso al mercado estadounidense se convierte en moneda de cambio dentro de acuerdos geopolíticos más amplios, lo que obliga a los países latinoamericanos a desplegar una diplomacia económica más activa y flexible.

La fragmentación regional complica esa tarea. Sin una estrategia común, América Latina negocia en desventaja frente a una potencia que privilegia los intereses inmediatos por encima de los compromisos multilaterales. La falta de coordinación entre los países debilita su capacidad de respuesta y refuerza las asimetrías ya existentes, sostiene el especialista.

PERÚ Y EL TLC CON EE.UU

Un punto crítico para el Perú es la compatibilidad de las nuevas medidas arancelarias con el Tratado de Libre Comercio (TLC) Perú–Estados Unidos, vigente desde 2009. El arancel base generalizado —aunque acompañado de exenciones— tensiona los compromisos asumidos en el acuerdo, que garantiza acceso preferencial y mecanismos de solución de controversias.

Si bien el gobierno estadounidense ha argumentado que el arancel general se aplica de manera “no discriminatoria”, diversos especialistas advierten que su aplicación discrecional podría erosionar los principios de previsibilidad y seguridad jurídica que sustentan el comercio bilateral. Para un país como el Perú, que depende de ese marco para atraer inversiones y mantener la estabilidad de sus exportaciones, este cambio representa un riesgo institucional significativo.

Más allá del impacto arancelario inmediato, el segundo mandato de Trump plantea desafíos estructurales para el Perú y América Latina. En un mundo donde las reglas del comercio se redefinen con base en la fuerza negociadora más que en compromisos multilaterales, la región deberá reforzar sus estrategias de diversificación y competitividad.

Para el Perú, eso implica ampliar mercados, fortalecer la diplomacia económica, invertir en productividad y tecnología, y utilizar con mayor eficacia los instrumentos del TLC y otros acuerdos comerciales vigentes. El país no puede depender únicamente de las exenciones o de los buenos momentos del ciclo de materias primas.

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