La educación la construimos juntos
REFLEXIONES

La educación no es una tarea aislada ni exclusiva del sistema educativo, sino una responsabilidad compartida entre la escuela, el hogar y la sociedad. Todos, desde nuestro lugar, estamos comprometidos con la formación de ciudadanos íntegros, con valores firmes, capaces de tomar decisiones, de pensar críticamente, de actuar con solidaridad y de enfrentar con fortaleza los obstáculos que la vida impone.
Educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos. Educar es acompañar procesos, generar oportunidades y construir referentes. Por eso, cuando asumimos la rectoría del sistema educativo, lo hicimos conscientes de la complejidad del camino. El contexto social, las brechas históricas y las legítimas expectativas de la ciudadanía plantean retos permanentes que no admiten improvisación ni soluciones superficiales. Requieren planificación, continuidad y una mirada de largo plazo.
Desde esa convicción, entendemos que ninguna política educativa puede ser efectiva si no se construye desde la cercanía y la escucha activa. El trabajo articulado con directivos, docentes, estudiantes y familias, así como con gobiernos regionales y locales, instituciones aliadas y la sociedad en su conjunto, se vuelve indispensable. Solo a través de ese esfuerzo compartido es posible avanzar hacia una educación que dialogue con la realidad del país y coloque verdaderamente a los estudiantes en el centro de las decisiones.
Esa visión se refleja en acciones concretas. La mejora de la infraestructura educativa avanza con la culminación de nuevos colegios en diversas regiones, ampliando oportunidades para miles de estudiantes. De igual manera, la revalorización del rol docente se expresa en incrementos remunerativos, en procesos oportunos de contratación y en programas de formación que incorporan herramientas innovadoras como la inteligencia artificial aplicada a la planificación pedagógica. Fortalecer al docente es fortalecer el corazón del sistema educativo.
El servicio educativo también se robustece con la distribución oportuna de materiales, la implementación progresiva de la matrícula digital y el impulso a programas de alto rendimiento académico que amplían horizontes para estudiantes de la educación pública. A ello se suma el trabajo por entornos escolares seguros, el fortalecimiento de alianzas con el sector privado y el compromiso con la integridad y la transparencia en la gestión, aspectos esenciales para recuperar y sostener la confianza ciudadana.
La educación no se transforma de la noche a la mañana, pero sí se consolida cuando existe convicción, coherencia y voluntad de diálogo. Persistir en ese camino, incluso en medio de las dificultades, es apostar por una educación que sea motor de desarrollo, de equidad y de esperanza para el Perú.
A veces el entusiasmo puede adelantarse a la realidad y derivar en errores. Reconocerlos y asumirlos con responsabilidad implica también escuchar las críticas y observaciones, analizarlas con serenidad y tomar en cuenta cada opinión. El ejercicio público honesto consiste en aprender, corregir y avanzar. Solo así es posible seguir caminando con firmeza para cumplir nuestros objetivos en una tarea tan trascendental como es la educación en el Perú.
