NUESTRAS PALABRAS NACEN VACÍAS SI NUESTRO CORAZÓN NO HA DEJADO DE SUFRIR
Por Dr. Juan Manuel Zevallos.
“Jesús se encontraba rezando en el Huerto de los Olivos pocas horas antes de que viniera la guardia judía para apresarle, sus apóstoles se habían quedado dormidos y un niño que lo acompañaba al darse cuenta de la actitud de los seguidores del Cristo se acercó a éste y le dijo: Mira la actitud de estos, durmiendo mientras tú rezas, no son dignos de tus enseñanzas ni de tu presencia. Jesús lo miro dulcemente y replicó: Querido hijo, prefería que tú también estuvieran dormido en lugar de murmurar”.
¿Cuántas palabras necias pronunciamos a diario?
¿Cuántos de nuestros supuestos consejos han generado más daño que bondad?
¿Acaso no es cierto que el arte de murmurar destruye sociedades y alienta la rivalidad entre los seres humanos?
¿Cuántas veces la ira y el egoísmo nos han llevado a pronunciar comentarios despectivos hacia aquellos que nos rodean?
¿Dónde se fue nuestra actitud comprensiva y solidaria hacia la humanidad?
La sociedad en la cual vivimos alienta la rivalidad entre hermanos y la violencia entre pueblos. Las frases con que los padres alimentan a sus hijos muchas veces están ausentes de sentimientos de fraternidad y afecto. Estamos lamentablemente envueltos por una sociedad que guía nuestros pasos hacia un desfiladero en donde la auto mutilación es la regla y en donde no hay razones para ser feliz.
“En verdad, como dicen mucho, “este es un mundo de sufrimiento, de lamentos y de ingratitud”. En verdad muchos nos ponemos a diario a cargar una cruz de suplicios mientras llevamos a cabo nuestras actividades de auto agresión”. En verdad nos mentimos a diario creyendo todos estos conceptos que acabo de expresar. Ni tú ni yo hemos nacido para sufrir, pero ya ves, sufrimos porque no hemos descubierto nuestra verdad, por qué somos ajenos al proceso de creación diaria del mundo y por qué pensamos erradamente que somos dueños del mundo y que cada una de las propiedades que hemos alcanzado son eternas.
El origen del problema de nuestra sociedad es la propiedad privada y el ego asociado del apego a todo aquello que cae en nuestras manos o que creemos con nuestra mente poseer.
Debemos de alejarnos de todo y dejar de vivir como piezas separadas de un todo. En realidad, no somos propietarios de nada y somos una comunidad con todo.
Día a día tenemos una obligación que desarrollar, una tarea que no puede postergarse más: debemos de reconocer el sentido nocivo del concepto “es mío” y debemos de aceptar y propagar los valores de desarrollo personal basados en la convivencia pacífica con todo y todos”.
Hemos aprendido a tener sed de bienes y hemos desarrollado un hambre incontrolable para devorar relaciones interpersonales. Nuestra escuela de vida ha tenido un curso ausente y por eso vamos cayendo día a día en el mismo error de nuestros padres: depender de alguien o algo para ser feliz.
La felicidad nunca será ansia ni deseo desordenado; la felicidad no evita el sufrimiento ni significa siempre sonreír. Aquel que ha experimentado durante algunos momentos el sentido de paz y equilibrio en la toma de decisiones de seguro que ha logrado sentir felicidad.
Las gaviotas vuelan sobre el mar y cada uno de los seres humanos que ha desarrollo conciencia han anhelado tantas cosas y han soñado con hacerlas realidad. El deseo por lograr algo siempre será bueno más la tiranía para lograrlo siempre será un concepto de destrucción. Podemos volar por los aires y ser libres al decidir volar, pero seremos esclavos del vuelo si lo hacemos por obligación o por tratar de demostrar que somos superiores a algo o alguien, lo cual nunca será una sana demostración del arte de volar”.
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Mendigo de Amor quería ser dueño del amor y fracaso en aquella infinidad de intentos que llevo a cabo. Quiso ser dueño de los sentimientos de las personas y obligar a más de una a que lo amara por lo que tenía y no por lo que era y siempre fracaso en su auto flagelaria misión. Deseaba estar acompañado y más que nunca se sentía lleno de soledad. Siempre desea algo y nunca lo alcanzó. Vivía lleno de miedos y deseaba obtener paz. Sufría y no entendía que hacía mal. Lloraba y se maltrataba a diario exclamando frases como “eres indigno, eres un fracasado, nunca nadie te querrá”.
Muchos de nosotros tratamos afanosamente de hacer lo mejor en la búsqueda de nuestro bienestar y acabamos labrando un foso donde acabar la existencia.
Desarrollar actitudes que nos lleven a depender de alguien y anhelar la existencia eterna de los seres que supuestamente amamos lo único que hace es abrir una herida grande en el alma tallada por la ansiedad incontrolable de poseer y por el miedo de perder lo poseído.
Nuestras manos tienen la capacidad de construir armas de destrucción masivas procesadas en nuestra mente. Nuestros pies pueden llevarnos a caer por un barranco basados en la necia orden mental del suicidio. Nuestra mente puede gobernar nuestros actos y llevarnos a destruirnos o destruir a los demás. Si dejamos libre su existencia y dejamos que imponga sus arbitrarias decisiones basada en un aprendizaje erróneo entonces nunca seremos libres de elegir y lo peor de todo es que nunca tomaremos realmente decisiones, más bien nuestra mente nos dictará lo que debemos pensar y sentir.
