El Papa que vuelve a casa

Por: Carlos Meneses

La confirmación de que el papa León XIV ha recibido oficialmente la invitación del Estado peruano y que, según el canciller Hugo de Zela, “sí tiene decidido venir a nuestro país este año”, marca un momento de profunda significación espiritual y simbólica para el Perú. No se trata solo del anuncio de una visita de Estado. Es, ante todo, el retorno de un hijo del país que, desde el Vaticano, lleva al mundo el nombre del Perú con humildad, fe y esperanza.

Robert Francis Prevost —hoy León XIV— nació, creció y se formó entre nosotros. Su trayectoria pastoral en Chiclayo, su sensibilidad ante los más pobres y su compromiso con el diálogo interreligioso lo convirtieron en un referente moral antes de su elección como pontífice. Que ahora, como jefe de la Iglesia católica y del Estado del Vaticano, haya expresado su deseo de volver, cierra un círculo histórico y abre una oportunidad invaluable para la reflexión nacional.

Su llegada, prevista para después de las elecciones generales, ofrece además una coincidencia providencial. El país que él encontrará será, probablemente, uno aún dividido, fatigado por la confrontación política y necesitado de reconciliación. La visita de un papa peruano puede ser, entonces, un impulso para reavivar el sentido de comunidad, tolerancia y servicio al prójimo que tanto nos urge recuperar.

Más allá de las creencias individuales, la figura de León XIV encarna valores universales: el compromiso con la paz, la justicia social y la defensa de la dignidad humana. En tiempos en que la corrupción, la desigualdad y la pérdida de confianza en las instituciones siguen debilitando nuestra cohesión, su presencia puede servir como un llamado ético, un recordatorio de que la verdadera transformación empieza en la conciencia de cada ciudadano.

También hay un mensaje para el propio Estado. Preparar la visita del papa no debe reducirse a un despliegue logístico o ceremonial. Debe ser una ocasión para mostrar que somos capaces de recibirlo con la madurez de una nación que busca reconciliar su fe con su destino.

Cuando León XIV pise nuevamente suelo peruano, no solo regresará un líder espiritual: volverá un compatriota que, desde la cúpula de la Iglesia, sigue mirando al Perú con cariño y esperanza. Su visita será, sin duda, una cita con la historia y, ojalá, con nuestra mejor versión como país.

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