Perú y EE.UU: una relación que se renueva en tiempos de desafíos
Por Carlos Meneses
A 200 años del inicio de las relaciones diplomáticas, el desafío es claro: consolidar una asociación moderna, basada en la confianza mutua y el beneficio compartido. La visita de Bernie Navarro puede ser el punto de partida de una nueva etapa entre Lima y Washington, una que mire menos al pasado y más al futuro del hemisferio.
El arribo de Bernie Navarro como nuevo embajador de los Estados Unidos en el Perú marca una nueva etapa en las relaciones bilaterales entre ambos países, que se extienden por más de dos siglos de historia. Su mensaje inicial no solo reafirma la vigencia de esta alianza, sino que también proyecta la visión que Washington tiene sobre Lima: un socio democrático clave para la estabilidad, la seguridad y la prosperidad del hemisferio occidental.
“Perú es importante para la seguridad de los Estados Unidos y nuestra región, para nuestra visión de prosperidad compartida y como socio democrático en nuestro hemisferio”, destacó Navarro en un mensaje difundido por la Embajada estadounidense.
Sus palabras, lejos de ser un formalismo diplomático, reflejan una intención clara: fortalecer los vínculos estratégicos en un contexto global cada vez más competitivo, donde América Latina vuelve a ocupar un espacio relevante en la agenda internacional de Washington.
El nuevo embajador no llega al Perú como un desconocido. “He trabajado con socios peruanos y lideré una misión comercial al país”, recordó, subrayando una relación previa que le permite comprender de cerca las dinámicas locales. Pero su conexión trasciende lo profesional: “Me casé en Lima con mi esposa Claudia, quien es peruana americana, y nuestros hijos llevan con orgullo su herencia peruana”. Ese vínculo personal le da a su gestión un matiz de cercanía poco común en la diplomacia estadounidense.
Navarro, empresario y educador de ascendencia cubana, nombrado por el presidente Donald Trump y ratificado por el Senado en diciembre pasado, asume su rol con una agenda orientada a los resultados.
“Queremos beneficios tangibles para la gente de nuestras dos naciones”, señaló, poniendo énfasis en el impulso al comercio, la inversión y la cooperación en seguridad.
En un momento donde el crimen transnacional, la migración irregular y la inestabilidad política desafían a la región, el mensaje del embajador apunta a construir una alianza práctica más que protocolar.
El reto, sin embargo, será traducir las declaraciones en hechos concretos. Estados Unidos y Perú comparten valores democráticos, pero también enfrentan tensiones comunes: la desinformación, el populismo y la desigualdad social. Fortalecer los lazos no solo implica acuerdos económicos o de defensa, sino también apoyo a las instituciones, la educación y la innovación.
