En plena emergencia, el sur espera más que promesas

Por: Carlos Meneses

Arequipa necesita más que visitas fugaces y palabras de consuelo. Necesita gestión, coordinación y decisión. El presidente Balcázar tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar que su Gobierno transitorio no será recordado por la indiferencia, sino por la acción. En plena emergencia, el país no puede esperar más.

La llegada del presidente de transición, José María Balcázar Zelada, a Arequipa generó expectativa entre las autoridades y la ciudadanía. En medio de una de las emergencias más graves que ha enfrentado la región en los últimos años, la población esperaba anuncios concretos, ayuda inmediata y un liderazgo capaz de coordinar la respuesta nacional. Sin embargo, su visita terminó siendo un acto protocolar sin resultados tangibles.

El mandatario recorrió la ciudad custodiado por un fuerte contingente policial, sin acercarse a los damnificados ni ofrecer palabras de aliento a las familias que lo perdieron todo. Los alcaldes distritales, que claman por presupuesto para atender la emergencia, solo obtuvieron compromisos para “evaluar” futuras asignaciones. La frustración es comprensible: el sur no necesita discursos, sino maquinaria, alimentos y recursos que permitan reconstruir las zonas devastadas.

Una emergencia no se enfrenta con declaraciones. Los decretos sin partidas presupuestales son gestos vacíos que prolongan el sufrimiento de quienes hoy carecen de agua, vivienda y caminos transitables. Cada día que pasa sin ayuda oportuna se traduce en pérdidas económicas y humanas. Los gobiernos locales, que ya han agotado sus presupuestos, asumen el peso de una tragedia que debería ser atendida por el Estado central con eficiencia y empatía.

Mientras tanto, el sector privado y la ciudadanía organizada se movilizan. Empresas locales, instituciones sociales y voluntarios apoyan a los municipios en la limpieza de vías y en la descolmatación del cauce de la torrentera El Chullo. Es una muestra del espíritu solidario arequipeño, que responde con hechos donde la burocracia responde con excusas. Pero esa cooperación, por valiosa que sea, no puede reemplazar la obligación del Gobierno nacional.

La reconstrucción y la prevención exigen planificación y voluntad política. Si la Presidencia del Consejo de Ministros promete un decreto de urgencia con apoyo económico, debe hacerlo ya, no cuando la emergencia haya pasado. Los compromisos deben traducirse en transferencias reales, en obras concretas y en una presencia sostenida del Estado en el territorio.

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