Arequipa se levanta
Por: Carlos Meneses
Cuando los arequipeños se unen, ninguna tormenta puede derrotarlos. Porque Arequipa, una vez más, se levanta para seguir adelante.
Arequipa atraviesa días difíciles. Las lluvias torrenciales, los huaicos y el desborde de torrenteras han golpeado duramente a nuestra región, dejando a su paso calles anegadas, puentes colapsados, viviendas destruidas y familias enteras en la incertidumbre. Son horas de preocupación y de prueba, pero también de una certeza que nunca nos abandona: Arequipa sabe levantarse ante la adversidad.
Desde El Pueblo, hemos hecho un llamado a la unión y a la solidaridad. Frente a la magnitud de los daños y la lentitud de la ayuda oficial, la población ha dado una lección de civismo y coraje. En los distritos más afectados, vecinos y vecinas se han organizado para limpiar calles, rescatar pertenencias, atender a los más vulnerables y compartir lo poco que tienen. Es el espíritu arequipeño en su máxima expresión: firme, solidario y generoso.
La emergencia ha revelado, una vez más, la fragilidad de nuestra infraestructura y la falta de previsión de las autoridades. No se puede seguir improvisando frente a fenómenos naturales que cada año se repiten con mayor fuerza. Urge una planificación territorial seria, una gestión de riesgos sostenida y un sistema de alerta temprana eficiente que permita actuar antes y no después de la tragedia. Arequipa no puede seguir dependiendo de la suerte o del coraje de su gente para sobrevivir a cada temporada de lluvias.
El Gobierno central debe responder con prontitud y responsabilidad. La declaratoria de emergencia no puede quedarse en el papel: se necesitan recursos efectivos, maquinaria, asistencia técnica y coordinación real con los municipios. No es momento de burocracia ni de promesas; es momento de acción y resultados.
Pero también es oportuno mirar hacia nosotros mismos. Los arequipeños hemos demostrado una vez más que, cuando el peligro amenaza, dejamos de lado diferencias políticas, sociales o ideológicas para ayudar al prójimo. Esa fuerza colectiva es la que ha permitido que nuestra región se reconstruya una y otra vez, desde los terremotos hasta las erupciones del Misti, y hoy vuelve a manifestarse con la misma intensidad.
La reconstrucción de Arequipa no será inmediata, pero sí posible si trabajamos unidos. Es hora de pensar en soluciones duraderas: un plan integral de drenaje urbano, obras de protección en torrenteras, reforestación de las quebradas y educación ambiental desde las escuelas. Son acciones que deben asumirse con visión de futuro, porque los desastres naturales seguirán siendo parte de nuestra realidad.
Arequipa se levanta, no solo cuando se limpian las calles o se restablece el tránsito, sino cuando renace la confianza y la esperanza. Este es el momento de demostrar que somos una ciudad resiliente, una comunidad que no se rinde y que sabe sobreponerse con dignidad y trabajo.
