Cambio climático incrementa la frecuencia de eventos extremos a nivel nacional
Los eventos climáticos extremos como lluvias intensas, nevadas, granizadas y otros fenómenos asociados al cambio climático se presentarán con mayor frecuencia en el país. Desde la Comisión Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP) advirtieron que fenómenos como El Niño redujeron su periodo de retorno, prolongaron su duración e intensificaron su impacto. Por ello, exhortaron a las autoridades a replantear las estrategias de planificación que actualmente se ejecutan en Arequipa.
El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, organismo científico de la ONU, confirmó que el planeta atraviesa un nuevo ciclo climático. Este escenario presenta dos características centrales: el incremento en la intensidad de los eventos extremos y la reducción del tiempo entre uno y otro. No se trata solo de lluvias más fuertes, sino de fenómenos que concentran mayor volumen de agua en menos tiempo y generan mayor capacidad de arrastre y destrucción, como ocurrió a mediados de febrero en Arequipa.
Luis Miguel Morán Yañez, presidente de la Comisión de Gestión del Riesgo de Desastres del CIP, recordó que desde la década de 1980 se asumía que fenómenos de gran magnitud como El Niño retornaban en promedio cada 15 años. Sin embargo, ese parámetro se redujo. “Ahora se acepta que pueda retornar cada 5 a 7 años. Esto es consecuencia del cambio climático. No hablo de las lluvias estacionales, sino a fenómenos más intensos. Esto serán cada vez más críticos y afectarán de diferentes formas a nivel nacional”, sostuvo.
La reducción del periodo de retorno implica que las ciudades tendrán menos tiempo para recuperarse entre un evento extremo y otro. En ese contexto, Morán Yáñez advirtió que no se puede continuar con esquemas de expansión urbana que permitan la ocupación de fajas marginales de ríos o quebradas. Tampoco se debe reducir el ancho natural de los cauces bajo la premisa de que el comportamiento climático será similar al del pasado.
Bajo este nuevo escenario, los distintos niveles de gobierno deben asumir la gestión del riesgo como una función estructural y no reactiva. El especialista recordó que la legislación vigente obliga a municipalidades provinciales, distritales y gobiernos regionales a contar con oficinas de gestión del riesgo de desastres con equipos técnicos especializados. Sin embargo, señaló que en la práctica muchas de estas dependencias carecen de profesionales con formación específica, lo que limita la asesoría técnica y deriva en decisiones inadecuadas.
Asimismo, sostuvo que la gestión del riesgo no puede depender de la rotación política de cada periodo electoral. Explicó que este trabajo implica monitoreo permanente de cuencas, evaluación de vulnerabilidades, actualización de mapas de peligro y planificación sostenida. “La gestión del riesgo es un trabajo continuo y no termina nunca; por eso los profesionales que están detrás deben tener continuidad. Si cada uno o dos años se cambia a los equipos, se vuelve a empezar de cero”, concluyó.
