Familias de Flora Tristán luchan por recuperar sus hogares en medio del lodo.
RECLAMAN MÁS AYUDA DEL ESTADO
Vecinos del complejo habitacional, en el Cercado de Arequipa, denuncian que el barro alcanzó hasta dos metros de altura y que la ayuda resulta insuficiente para recuperar sus viviendas.
A más de una semana del desborde de la torrentera Chullo, los damnificados del complejo habitacional Flora Tristán, en el Cercado de Arequipa, continúan retirando toneladas de lodo y tierra que sepultaron los primeros pisos de varios edificios ubicados frente a la Av. Metropolitana. La emergencia, registrada el 19 y 22 de febrero, dejó viviendas inhabitables y pérdidas totales.
La torrentera descendió con fuerza desde la parte alta de la cuenca y desembocó con violencia en la zona residencial, ingresando por puertas y ventanas. Según los vecinos, el nivel del lodo alcanzó hasta 1.50 metros y el agua superó los dos metros en algunos departamentos, arrastrando piedras, desmonte y residuos que destruyeron muebles y electrodomésticos.
Luis Lara, uno de los afectados, relató que el barro ingresó con tal presión que bloqueó puertas y habitaciones. “El nivel del agua llegó hasta 1.80 metros. No podemos abrir dos cuartos porque la presión del lodo los mantiene cerrados”, señaló. La tierra, explicó, se ha endurecido con el paso de los días, dificultando aún más las labores de limpieza.
En los primeros días, los vecinos abrieron huecos en muros y puertas para permitir el drenaje del agua y evitar que el barro se compacte. Sin embargo, la mezcla de tierra y humedad se convirtió en una masa sólida que requiere picos y lampas para ser retirada. “La casa perdió todo”, afirmó Lara.

Erick Ramos, padre soltero y otro damnificado, describió una escena de devastación. En su vivienda, el lodo alcanzó entre 1.20 y 1.50 metros, mientras que el agua llegó hasta el pecho. “He perdido absolutamente todo. La habitación de mi hija de 9 años está llena de barro. No tengo nada”, expresó con visible angustia en medio de los ambientes totalmente destrozados.
Ramos indicó que, tras la emergencia, pasó las primeras noches fuera de su departamento por temor a robos y derrumbes. Solo recibió apoyo de familiares y algunos voluntarios del Ejército que llegaron días después. “Hay desesperación. Necesitamos más ayuda. No todos hemos recibido alimentos ni asistencia”, cuestionó en medio del dolor a pocos días del inicio del año escolar.
Leoncio Cáceres, quien reside en uno de los edificios que recibió el primer impacto del caudal, señaló que los primeros pisos quedaron prácticamente sepultados. Los vecinos evacuaron hacia los segundos niveles ante el temor de ser arrastrados por la fuerza del agua que ingresó la noche más crítica de la emergencia.
Frente a la magnitud del desastre, los residentes organizaron cuadrillas independientes para retirar la tierra con apoyo de efectivos policiales, miembros del Ejército y estudiantes de la Universidad Católica de Santa María. No obstante, consideran que el esfuerzo resulta insuficiente ante la enorme cantidad de desmonte acumulado.
Las manchas en las paredes evidencian hasta dónde llegó el lodo. En varios departamentos, baños y habitaciones quedaron completamente tapiados. La humedad y el barro endurecido complican la recuperación de pertenencias, muchas de las cuales quedaron inservibles tras permanecer días cubiertas por sedimentos.

Mientras las autoridades continúan evaluando daños y coordinando acciones, los damnificados de Flora Tristán exigen mayor presencia del Estado y apoyo sostenido para rehabilitar sus viviendas. La emergencia por el desborde de la torrentera Chullo no solo dejó daños materiales, sino también una profunda incertidumbre sobre el futuro inmediato de decenas de familias en el Cercado de Arequipa.
