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Durante las últimas semanas, la ciudad de Arequipa sufrió fuertes inundaciones que afectaron a numerosas viviendas y negocios, especialmente en Yanahuara y Cayma. Como no ocurría desde hace por lo menos 30 años, la torrentera de Chullo se desbordó y convirtió importantes avenidas en ríos de lodo que arrasaron con todo a su paso. Sin embargo, este desastre no se explica por un nivel extraordinario de lluvias, sino por un cúmulo de irresponsabilidades acumuladas durante décadas.
En primer lugar, destacan los años de deficiente planificación urbana, la expansión desordenada y decisiones políticas que permitieron que el crecimiento de la ciudad avanzara a costa de las torrenteras. Esos dos o tres metros que “se le ganaron” a la torrentera hoy pasaron factura.
A ello se suma la inejecución de recursos destinados a la adaptación y mitigación frente al cambio climático. Solo el año pasado, el Gobierno Regional y la Municipalidad Provincial de Arequipa dejaron sin ejecutar S/ 25.9 millones y S/ 16 millones, respectivamente. Pero el problema no se limita al dinero no gastado: también incluye los millones de soles mal invertidos. Un ejemplo evidente es el muro de contención construido en la torrentera de Chullo, del cual hoy nadie quiere hacerse responsable.
En un plano más estructural, la inestabilidad y crisis política también se hicieron evidentes durante la emergencia. Mientras Arequipa enfrentaba las inundaciones, la agenda nacional se concentraba en definir quién sería nuestro cuarto presidente en los últimos cuatro años y medio. Un presidente que, además, en medio de la emergencia, reconoció haberse enterado de la situación a través de una conversación con una radio local.
Finalmente, y para rescatar un aspecto positivo, lo ocurrido mostró la capacidad de organización y solidaridad de la sociedad civil arequipeña. A través de redes sociales, se evidenció la acción de cientos de voluntarios, que, con el apoyo de diversas empresas, se movilizaron para realizar labores de limpieza y apoyar a las familias más afectadas.
En poco más de un mes tendremos elecciones generales y, en octubre, elecciones regionales y municipales. Lo vivido nos recuerda la importancia de elegir autoridades competentes, que prioricen la seguridad y bienestar de la ciudadanía por encima de intereses de corto plazo.
