Arequipa en emergencia sanitaria
Por: Carlos Meneses
Arequipa no puede resignarse a que su salud pública funcione al borde del colapso. Urge una respuesta firme, coordinada y humana. La salud no puede seguir siendo la víctima invisible de la ineficiencia estatal. Los hospitales necesitan insumos, los médicos necesitan condiciones dignas, y la población necesita algo más que promesas: necesita acción.
La situación de los hospitales de Arequipa, particularmente del Hospital Regional Honorio Delgado Espinoza y el Hospital Goyeneche, ha llegado a un punto crítico que revela, con dolorosa claridad, el colapso del sistema de salud regional. La falta de insumos esenciales como jeringas, anestésicos y antibióticos no es solo un problema logístico: es una muestra del abandono estructural en que se encuentra la atención pública en Arequipa. En plena huelga médica indefinida, que ya supera las dos semanas sin solución, la crisis se agrava y los pacientes son los principales afectados.
Más de 17 mil citas médicas perdidas y 800 cirugías postergadas son cifras que hablan por sí solas. Detrás de ellas hay historias concretas: niños sin tratamientos, adultos mayores esperando operaciones que podrían salvarles la vida, familias que ven cómo la burocracia reemplaza a la compasión. Lo más preocupante es que ni siquiera se trata de demandas puramente laborales. Los médicos denuncian que no existen las condiciones mínimas para ejercer su labor, ni los instrumentos básicos para atender una emergencia.
El Gobierno Regional de Arequipa, encabezado por Rohel Sánchez, carga con una responsabilidad directa. No basta con invocar la falta de presupuesto o culpar a procesos administrativos. La gestión sanitaria requiere liderazgo, eficiencia y sensibilidad social. Cuando un hospital regional carece de jeringas o anestesia, el problema ya no es solo técnico: es ético. Es inaceptable que mientras se planifican obras millonarias o se anuncian proyectos de infraestructura, los hospitales públicos sigan funcionando con equipos deteriorados y almacenes vacíos.
La huelga médica es, en ese contexto, un grito de auxilio más que una protesta sectorial. El reclamo por el retiro del gerente regional de Salud, Walther Oporto, y por el abastecimiento urgente de medicamentos y materiales, debe ser atendido de inmediato. Ignorar la voz del personal médico es condenar a los pacientes a una espera indefinida y a un sufrimiento evitable.
