Por Carlos Meneses

El desafío es claro: o Arequipa ordena su movilidad ahora, o quedará atrapada definitivamente en el tráfico que ella misma permitió crecer.

El inicio del 2026 confirma una realidad que los arequipeños viven a diario: la ciudad se encuentra al borde del colapso vehicular. La congestión, el mal servicio del transporte urbano y la falta de planificación han convertido al tráfico en uno de los problemas más graves de la capital regional. Si no se toman decisiones estructurales, este podría ser el peor año para la movilidad en Arequipa.

Cada mañana, miles de ciudadanos se ven obligados a salir con mayor anticipación de sus hogares para llegar a tiempo a sus centros de trabajo, estudios o trámites. Las intersecciones congestionadas, el transporte público ineficiente y la creciente cantidad de vehículos han reducido la fluidez del tránsito a niveles críticos.

Las cifras lo confirman. El informe TomTom Traffic Index 2025 ubicó a Arequipa como la octava ciudad con mayor congestión vehicular en el mundo, la tercera en el continente americano y la segunda en Sudamérica, solo por detrás de Bogotá. Lejos de mejorar, los especialistas advierten que el panorama podría empeorar este año.

El ingeniero especialista en tránsito Elvis Jump Gómez señala que la ciudad enfrenta un problema estructural: el crecimiento acelerado del parque automotor frente a una infraestructura vial que prácticamente no ha cambiado en décadas. Solo en 2025 se inscribieron más de 31 mil vehículos nuevos en Arequipa, según la Superintendencia Nacional de los Registros Públicos (Sunarp). Con ello, el parque automotor de la ciudad se acerca al medio millón de unidades.

Sin embargo, la capacidad de las vías sigue siendo prácticamente la misma que hace medio siglo. Las ampliaciones han sido mínimas y los grandes proyectos viales continúan postergados. Esta brecha entre el número de vehículos y la infraestructura disponible explica por qué cada año el tránsito se vuelve más lento y caótico.

A ello se suma otro problema de fondo: el modelo urbano monocentralizado. En Arequipa, gran parte de las instituciones públicas, servicios y centros administrativos se concentran en el Cercado. El Poder Judicial, el Ministerio Público, la Sunat, la Sunarp y hospitales importantes continúan ubicados en el centro histórico.

Esta concentración obliga diariamente a miles de ciudadanos de distritos periféricos a desplazarse hacia una misma zona para realizar trámites o acceder a servicios, lo que incrementa la presión sobre las vías del centro de la ciudad.

El problema se agrava con un sistema de transporte público que aún no logra ofrecer un servicio eficiente y confiable. Los retrasos de hasta una hora en algunas rutas, la informalidad en el sector y la falta de vías exclusivas para buses desincentivan el uso del transporte público y empujan a más ciudadanos a utilizar vehículos particulares.

La consecuencia es evidente: más autos en las calles y mayor congestión.

Arequipa necesita con urgencia una reingeniería de su movilidad urbana. Esto implica no solo mejorar la infraestructura vial, sino también descentralizar servicios, impulsar nuevos núcleos urbanos en los distritos y consolidar un sistema de transporte público moderno y eficiente.

La ciudad no puede seguir creciendo sin planificación. De lo contrario, el tráfico no solo seguirá empeorando, sino que terminará afectando la productividad, la calidad de vida y el desarrollo económico de toda la región.

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