El tipo de cambio y el peso de la incertidumbre electoral
Por: Carlos Meneses
En síntesis, el tipo de cambio es un termómetro. Y hoy marca fiebre política. La lección es clara: más allá de los shocks externos, la estabilidad económica del país dependerá, en gran medida, de la capacidad de ofrecer certezas en el terreno político. Porque en economía, como se demuestra una vez más, las expectativas pueden pesar tanto como los hechos.
En economía, pocas variables reflejan con tanta sensibilidad el pulso de un país como el tipo de cambio. Su comportamiento no solo responde a factores técnicos o externos, sino también —y cada vez con mayor intensidad— a las percepciones, expectativas y temores que se generan en el ámbito político. Hoy, en el Perú, esa realidad vuelve a ponerse en evidencia.
El economista Miguel Alzamora plantea una idea clave: en el corto plazo, la incertidumbre electoral tiene un impacto mayor sobre el dólar que el propio conflicto en Oriente Medio. No se trata de minimizar el peso de la geopolítica global —que influye en el precio del petróleo, en la inflación y en los mercados internacionales—, sino de reconocer que, para economías como la peruana, el factor político interno puede ser decisivo.
En los últimos meses, el sol mostró una apreciación significativa frente al dólar, en buena medida por la debilidad de la economía estadounidense. Sin embargo, ese escenario ha comenzado a revertirse. Las tensiones internacionales y el alza del petróleo han presionado nuevamente el tipo de cambio. Pero, como advierte Alzamora, el verdadero motor de la volatilidad actual está dentro del país.
El proceso electoral introduce un componente de incertidumbre que afecta directamente las decisiones económicas. Empresas, inversionistas y ciudadanos reaccionan ante la falta de claridad sobre el futuro político. En ese contexto, el dólar se convierte en un refugio, elevando su demanda y, con ello, su precio.
Este fenómeno no es nuevo, pero sí particularmente relevante en coyunturas como la actual. La fragmentación política en una primera vuelta suele diluir el impacto. No obstante, es en la segunda vuelta donde se concentran las tensiones. Con dos candidatos definidos, los mercados comienzan a evaluar con mayor precisión los posibles rumbos económicos, y las reacciones pueden ser más intensas.
El problema es que esta volatilidad no ocurre en un vacío. Se combina con otros factores que ya presionan la economía: el incremento de los combustibles, las tensiones internacionales y las limitaciones en el crecimiento interno. El resultado es un escenario complejo, donde el tipo de cambio es apenas una señal visible de problemas más profundos.
Reducir el análisis al precio del dólar sería, por tanto, un error. La preocupación debe ser más amplia: el deterioro de las expectativas, el freno a la inversión y el riesgo de un mayor déficit fiscal. Son estos elementos los que, a mediano plazo, pueden comprometer la estabilidad económica.
