Puente Bailey en Calle Grande estaría listo recién en la quincena de abril
Por Jorge Turpo R.
Las estructuras del puente siguen sin ser utilizadas porque no hubo decisiones inmediatas en el Gobierno Regional que financiará su instalación.
INCOMUNICADOS A MÁS DE UN MES DE LA TRAGEDIA
A más de un mes de la emergencia provocada por las lluvias en Arequipa, la ciudad sigue avanzando a paso lento en su recuperación. Uno de los puntos más críticos es la transitada Calle Grande, eje que conecta Cerro Colorado, Cayma y Yanahuara, hoy interrumpido tras la demolición del puente Concordia.
La medida buscó evitar una tragedia mayor ante el riesgo de un nuevo desborde de la torrentera El Chullo, como el ocurrido el domingo 22 de febrero.
Se actuó con rapidez para prevenir, pero la reconstrucción ha quedado atrapada en la lentitud de siempre.
El puente Bailey, ofrecido como solución inmediata, llegó con prontitud. La estructura fue gestionada con apoyo de la empresa minera Southern y permanece desde hace casi dos semanas sobre la vía pública, expuesta, inmóvil, como una promesa que no termina de cumplirse.
La escena es elocuente. Hay puente, hay urgencia, hay necesidad, pero falta lo esencial: decisión y ejecución.
Durante días, las gestiones se enredaron entre trámites, coordinaciones y silencios. Recién ayer se conoció que las autoridades, en especial la Municipalidad Distrital de Yanahuara y el Gobierno Regional de Arequipa, lograron un acuerdo para destrabar el proceso.
El alcalde, Sergio Bolliger, anunció que el proyecto se ejecutará bajo la modalidad de emergencia, lo que permitirá acelerar procedimientos.
Hoy quedaría lista la documentación junto al presupuesto necesario para iniciar los trabajos.
Si los compromisos se cumplen, la instalación del puente Bailey comenzaría a fines de marzo. Su puesta en funcionamiento se proyecta para la quincena de abril.
La fecha, que debió ser inmediata, ahora aparece como un horizonte optimista. En una ciudad golpeada por lluvias y desbordes, cada día cuenta.
Mientras tanto, el tránsito busca rutas alternas que no siempre responden a la demanda.

ZONA AFECTADA
De otro lado, también es necesaria una intervención en la intersección de la avenida Metropolitana con Tahuaycani.
Hace unos días se abrió esa zona al tránsito vehicular, pero el paso es lento. La vía quedó severamente dañada tras el paso de la torrentera.
Los adoquines desaparecieron y en su lugar quedaron baches profundos que obligan a los vehículos a avanzar con extrema lentitud.
El resultado es previsible: congestión, demoras y una sensación constante de precariedad.
El propio alcalde de Yanahuara reconoce que la intervención en esta zona recién empieza a tomar forma.
La ficha técnica aún está en elaboración y se espera que esté lista en los próximos días. El inicio de las obras podría darse en unos diez días, con un plazo de ejecución de ocho.
En el mejor de los escenarios, la recuperación de esta intersección también se alcanzaría en la quincena de abril.
Ese plazo revela una coincidencia inquietante. Tanto el puente Bailey como la rehabilitación de una de las vías más afectadas dependen del mismo calendario. Abril aparece como el mes en el que Arequipa podría cerrar, al menos parcialmente, una de sus heridas más visibles. La pregunta es si ese cierre será suficiente.
Lo ocurrido con la torrentera El Chullo no fue un hecho aislado. Expuso, una vez más, la fragilidad de la infraestructura urbana frente a fenómenos recurrentes. También dejó al descubierto las dificultades de gestión cuando se requiere actuar con rapidez.
La respuesta inicial mostró capacidad de reacción. La etapa de ejecución, en cambio, evidencia vacíos que se repiten.
Hoy, la ciudad convive con las huellas de la emergencia. Vías dañadas, rutas interrumpidas y soluciones que llegan a cuentagotas. La presencia del puente Bailey, aún sin instalar, resume esa contradicción: tener los recursos y no usarlos a tiempo.
Arequipa necesita más que acuerdos tardíos. Requiere una gestión que entienda que la prevención no termina con la demolición de un puente, sino con la reconstrucción oportuna de lo que se pierde.
Cada retraso prolonga el impacto en miles de ciudadanos que dependen de estas vías para trabajar, estudiar o simplemente desplazarse.
La próxima temporada de lluvias no esperará. Si algo ha dejado esta emergencia es una advertencia clara. La ciudad no puede permitirse llegar a ese momento con tareas inconclusas. Porque entonces no solo quedarán las cicatrices de la tormenta pasada, sino también la certeza de que no se aprendió lo suficiente.
