LA PÉRDIDA DE SENSIBILIDAD
Franco Bifo Berardi
El entorno, acelerado por el poder de la tecnología, hoy en día excede cualquier posibilidad de medida humana. Pensemos en la hipersaturación del entorno mediático, que está arrasando con la capacidad de pensamiento crítico. La razón humana se encuentra exhausta. La infinita complejidad de los fenómenos satura nuestra capacidad de observación. La sensibilidad, impulsada más allá del dominio de lo propiamente humano a través de su interfaz tecnológica, se ha incorporado a lo inorgánico.
La sensibilidad puede ser vista como un dominio particular de lo que Foucault define como episteme: el moldeamiento de la percepción social que refuerza una proyección unitaria del mundo y conduce a la disciplina social. El semiocapitalismo ha permeado profundamente en el circuito neuronal de la cultura social a través de la penetración tecnológica de la sensibilidad.
Antes que nada, debemos distinguir lo sensorial de lo sensual. Lo sensorial es la facultad perceptiva del organismo, mientras que lo sensual es la atracción / repulsión selectiva que el organismo proyecta sobre su entorno. La sensibilidad es la facultad singular que permite una proyección de lo real. Como tal, es morfogénica y crea formas continuamente. En este sentido, ella es la certeza del juicio, porque el juicio no se aplica a lo que halla separado del placer o del dolor y, por lo tanto, implica la certeza singular de lo bueno y lo malo. (…)
Si el pensamiento tiende hacia la captura conceptual del mundo, la sensibilidad lo acaricia y le da forma sin interrumpir su devenir, sin pretender establecer ninguna verdad absoluta.
(En “Fenomenología del fin”, 2016)
