YO NECESITO SABER QUÉ ES EL AMOR

Por Dr. Juan Manuel Zevallos.

Cada uno de nosotros tiene necesidades distintas. Vivimos en un mundo donde no tenemos claro “cuál ha de ser nuestro destino”. Vivimos ataviados de vestimentas que cambiamos a diario y rodeados de gente que nos definen por nuestro actuar como buenos o como malos. Vivimos envueltos en conflictos, caminamos perdidos entre dos aguas aparentando que nada nos importa, pero en verdad muchas veces llegamos a sentir que nuestras existencias son como un desierto sentimental y declaramos ante nuestra conciencia la necesidad de los sentimientos, el afecto, el cariño y el amor.

Aspiramos salir del infierno de la soledad para ampararnos a la sombra del tibio abrazo y de la muestra del afecto sincero sin entender que la tiranía del afecto nace en la necesidad de este.

En verdad el amor no existe y a la vez es todo aquello de lo cual estamos hechos. Esta doble dualidad se explica de modo sencillo: El amor nunca existirá en nuestra razón y la razón nunca existirá en el amor, por eso de aquella célebre frase “el amor tiene razones que la razón nunca entenderá”. Y es que el amor es nobleza, es entrega, es paz, es ausencia de juicio y es generosidad plena.

Nuestra razón se alimenta de juicios, de justicia y de sentencias, de etiquetas hacia el actuar humano y en frases inconclusas sobre lo que realmente somos.

El amor vive en lo profundo del ser humano, en último término explica la libertad de nuestra conducta y la seguridad que tenemos para comportarnos de un modo y para sentir nuestra propia valía.

El amor no se impone a nuestras ideas, solo disuelve aquellas que tienen el alto potencial de generarnos perjuicios pese a que nos afanamos constante en dañarnos. “Nadie muere de amor y el amor nunca dañará el alma y el ser de aquel que lo expresa”, el amor no desea un beso o una relación sentimental, esa es una mentira, el amor nos invita a compartir aquella aceptación personal que nos ha permitido vernos y aceptarnos tal y cual somos.

La esencia de cada ser humano es poder en verdad decir todo con el corazón. Aquel que dialoga de ese modo tiene la bondad expresada en las palabras y puede decir todo aquello siente y a la vez puede reformular cada pensamiento que se procesa en su mente.

En verdad te digo “le hablaban un día a Mendigo de Amor”: los triunfos materiales, los bienes alcanzados y las relaciones interpersonales desarrolladas nunca generarán seguridad interior. Todo aquello que existe en el mundo exterior es temporal y el ego desarrollado por una posesión o por la demostración de que soy mejor que tú lo único que puede generar es debilidad y ansiedad por mantener un statuo quo o por mejorarlo. Y es que cuanto más bienes o éxito social tengas mayor necesidad tendrás por seguir teniendo más bienes y éxito y por satisfacer tu necesidad insatisfecha, así como las expectativas de los demás”.

Cuando uno vive en base a la necesidad del amor, deseamos nunca olvidar a la vez que deseamos no haber vivido aquellas supuestas experiencias sentimentales de dolor.

Somos en verdad seres de amor que viven siendo esclavos de la necesidad de alcanzar neciamente más amor.

El amor que vive en el interior de cada uno de nosotros y que es todo el amor del mundo nos habla a diario con voz susurrante y me dice “eres lo más valioso” y con eso me basta, decía Cenicienta mientras una sonrisa inundaba sus labios.

Pero nuestra razón equivocada, cultivada con semillas de insatisfacción y con abono de miseria emocional nos lleva a tratar de llenar un interior que ya está lleno o lo peor de todo es que nos hace creer que estamos vacíos de amor por lo cual inicia una carrera desesperada por llenar un supuesto vacío existencial.

Empezamos entonces a sufrir y a buscar “realización en el mundo exterior”. Deseamos ser los mejores trabajadores del mundo para que nos aplaudan por ello y para llenar esa ausencia y luego buscamos que nos amen porque somos los mejores trabajadores y aunque por momentos creemos sentirnos mejor acabamos sintiéndonos defraudados y nuevamente vacíos.

“Quiero que me quieran por lo que soy y no por lo que hago, deseo que me amen no por lo que hablo sino por lo que siento, anhelo que me brinden amor, cariño y ternura por el solo hecho de ser un ser humano”.

El sentimiento pleno de amor, aquel que no se define porque es inconmensurablemente más grande que nuestras palabras es aquel que en verdad se da sin condicionamiento alguno y que no necesita ser alimentado por palabras agradables ni puede ser destruido por frases inconexas llenas de rabia e inconciencia.

Sentir el verdadero amor por otro ser humano es como recibir un flujo de energía, es como compartir nuestra vida. El amor entregado sin condición da satisfacción y seguridad.

Nuestra misión en la vida es dar amor, nuestra antítesis es desear sentirnos amados de modo especial por otra persona. Lo fundamental en la vida es aceptar a los demás como son y no buscar la aceptación de los otros demostrando ser algo que nunca hemos sido.

Si buscamos la aceptación de los demás viviremos dependiendo de sus palabras y de sus actos; estaremos constantemente atentos a su crítica, a sus demostraciones racionales de afecto y a su instinto.

En realidad, la culpa siempre será de uno cuando se sumerge en las aguas de la dependencia afectiva. Vivir en un mundo en donde estamos a merced de los vientos de los conceptos humanos es como vivir en un páramo creyendo que algún día será un paraíso lleno de felicidad.

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