La salud no puede quedar rezagada

VIDENZA INFORMA

Melany Ferreyra
León

Arequipa ha sido, históricamente, una de las regiones mejor posicionadas del país. Sin embargo, la pandemia marcó un punto de quiebre cuyos efectos aún no terminan de revertirse. Si bien la actividad económica va mostrando señales de recuperación en este último año, los indicadores sociales avanzan a un ritmo aún más lento, y es en salud donde la población siente ese rezago con más fuerza.

En 2024, la pobreza monetaria es 9.8 puntos porcentuales más que en 2019 (15.8% vs. 6%), lo cual afecta directamente a la capacidad de gasto de los hogares, y con ello la capacidad de enfrentarse a un eventual escenario de salud. Un 28.3% de arequipeños se encuentra en riesgo de caer en pobreza ante cualquier crisis económica inesperada, como puede ser una enfermedad o una hospitalización.

Respecto a la oferta, a 2026, Arequipa ocupa el cuarto lugar con mayor oferta de camas hospitalarias (1.54 por cada mil habitantes) y de médicos en el sector público (11.6 por cada 10 mil habitantes). Sin embargo, en relación con establecimientos de salud que atienden al menos 12 horas se queda a mitad de la tabla, solo es el 43.8%. Además, el porcentaje de establecimientos con disponibilidad de al menos 80% de medicinas esenciales es del 74.8%, menor al promedio nacional de 78.8%. La infraestructura existe, pero no siempre está disponible ni está abastecida como debería.

Por el lado de la demanda, esas brechas se traducen en comportamiento de la población. Hasta 2018, Arequipa se distinguía del promedio nacional porque su población prefería atenderse en establecimientos del MINSA o de la red regional (34.5%) antes que en farmacias (29.8%). En 2024, esa relación se ha invertido con fuerza, pues el 38.1% acude a farmacias frente a 29.9% que va a un centro de salud. Son más los arequipeños que no reciben un diagnóstico médico, probablemente porque el sistema no les resulta accesible.

Además, la salud de los niños y niñas se ha visto comprometida. En 2019, la anemia en menores de 6 a 35 meses afectaba al 33.9% en Arequipa, muy por debajo del promedio nacional (40.1%). En 2024 subió a 44.2%, superando al promedio nacional (43.7%) La desnutrición crónica en menores de cinco años, que venía reduciéndose del aumento en 2020, también repuntó: de menos del 5% a 5.6% en 2024.

El problema es estructural y requiere acciones de la misma naturaleza. Como señala Videnza Instituto en su informe de propuestas para los planes de gobierno 2026-2031, se necesitan medidas de reordenamiento de la rectoría, reactivación de la atención primaria e inversión en continuidad operativa, digitalización y trazabilidad. No obstante, ello no será posible mientras que el sector salud esté atado a una cuota política y sea blanco de la corrupción. Este doce de abril es la oportunidad de los arequipeños para elegir de manera informada y exigir que la salud no siga esperando.

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