Arequipa no necesita más proyectos, necesita terminarlos
Álvaro Cubas Cunyas,
economista del Consejo Privado de
Competitividad

Al cierre de marzo de 2026, Arequipa muestra un desempeño que, en apariencia, invita al optimismo. Con un presupuesto de inversión de S/ 3 081 millones, ha ejecutado el 24.5%, es decir, cerca de S/ 754 millones, ubicándose en el tercer lugar a nivel nacional. Tras un inicio de año débil (con caídas en enero y febrero), el último mes del primer trimestre marca una leve recuperación, con un crecimiento de 3% en la ejecución respecto a marzo de 2025. Además, el departamento destaca por su continuidad presupuestal: el 74% de sus proyectos mantiene financiamiento entre años, por encima del 69% nacional. En un sistema donde la interrupción es la regla, este dato no es menor.

Sostener este desempeño no es solo deseable, sino necesario. La continuidad presupuestal permite que los proyectos no se detengan y reduce el riesgo de atrasos e incrementos de costo. En contextos donde la inversión pública suele fragmentarse, mantener proyectos con presupuesto es una condición clave para que estos lleguen a término y generen resultados reales en la población.

Y esto es especialmente importante en el caso de Arequipa. A pesar del volumen de recursos ejecutados en los últimos seis años, el departamento enfrenta brechas persistentes y resultados limitados en sectores clave. En transporte, pese a una inversión acumulada de S/ 2 205 millones, solo el 28% de la red vial está pavimentada. En educación, con S/ 1 569 millones ejecutados, el acceso a servicios básicos en locales escolares alcanza el 58.6%. No obstante, es en salud donde la brecha es más evidente: a pesar de S/ 714 millones invertidos, solo el 3% de establecimientos de salud cuentan con capacidad instalada adecuada. En saneamiento, la situación no es mejor: con S/ 607 millones ejecutados, la cobertura de alcantarillado ha retrocedido de 83% a 77%.

Estos resultados ayudan a explicar por qué el problema no está solo en cuánto se invierte, sino en la capacidad de llevar los proyectos hasta su culminación. En Arequipa, el nivel de cierre sigue siendo bajo en todos los niveles de gobierno incluso cuando se observa el resultado acumulado de más de una década de gestión. Al 2025, luego de quince años de ejecución continua de proyectos (2010–2025), el Gobierno Nacional ha culminado el 19% de sus proyectos en la región, el Gobierno Regional el 18.6% y los gobiernos locales el 20.6%, lo que arroja un resultado agregado de apenas 19%. En términos simples, tras todo ese periodo, solo uno de cada cinco proyectos ha logrado cerrarse, mientras la gran mayoría sigue en ejecución.

¿Qué hacer frente a este panorama? Arequipa no parte de cero. Tiene niveles de continuidad superiores al promedio y una capacidad de ejecución que, en términos agregados, la posiciona bien. Sin embargo, ese desempeño pierde sentido si no se traduce en proyectos culminados. El principal desafío está en la gestión: fortalecer la planificación para asegurar trayectorias completas y mejorar la capacidad de ejecutar obras de mayor impacto productivo y social. En ese contexto, la prioridad no debe ser solo gastar más, sino culminar.

En un año electoral, esta discusión adquiere un sentido particular. La tentación de prometer más obras es siempre alta, pero los datos sugieren que el problema no está en la falta de proyectos, sino en la incapacidad de terminarlos. Arequipa necesita una mejor gestión: más obras concluidas que realmente cambien la vida de las personas.

Al final, la ciudadanía no evalúa presupuestos ejecutados, sino resultados visibles. Y ahí, todavía hay una deuda pendiente.

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