Arequipa no termina de recuperarse y El Niño amenaza con daños en 2027
Por Jorge Turpo Rivas
Entidades científicas confirman que el fenómeno se presentará entre finales de 2026 e inicios de 2027. La prevención sigue siendo una tarea pendiente en zonas vulnerables de la región.
Podría ser como en 1982 y 1997.
Arequipa aún no termina de recuperarse de los daños provocados por la última temporada de lluvias y ya enfrenta una nueva amenaza climática. Diversos organismos especializados han advertido la presencia del fenómeno de El Niño durante los próximos meses, un escenario que podría generar nuevas emergencias en la región durante el año 2027.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó la presencia de condiciones asociadas al fenómeno de El Niño Global y estima que existe un 63 % de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte, una de las más elevadas registradas en las últimas décadas.
En el caso peruano, la preocupación se centra principalmente en el fenómeno de El Niño Costero. Tanto la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) como el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) han señalado que existen condiciones favorables para su desarrollo hacia finales de este año.
Algunas señales ya comienzan a percibirse. Entre ellas destacan las temperaturas superiores a lo habitual registradas en la costa norte del país y las condiciones menos frías de lo esperado durante mayo y junio en Arequipa.
Sin embargo, los especialistas aclaran que durante julio y agosto se prevé un descenso importante de las temperaturas.
El meteorólogo del Senamhi Arequipa, José Luis Ticona, explicó que una de las principales características de El Niño es la reducción de lluvias en la zona altoandina y un incremento de precipitaciones en sectores medios y costeros.
Esa situación coloca a Arequipa en una condición particularmente vulnerable. Aunque la región depende de las lluvias en las zonas altas para alimentar sus represas y reservas hídricas, la ciudad se encuentra en un valle interandino donde las precipitaciones intensas pueden generar activación de quebradas, torrenteras y huaicos.
La preocupación aumenta porque varios de los problemas evidenciados durante la última temporada de lluvias continúan sin una solución definitiva.
Uno de los casos más emblemáticos es la torrentera de El Chullo, cuya activación provocó muertes, cuantiosos daños en viviendas, vías y servicios públicos.
A pesar de la emergencia ocurrida hace apenas unos meses, la infraestructura de esta torrentera mantiene condiciones que especialistas y autoridades consideran de riesgo.
El cauce ha sido reducido progresivamente por el crecimiento urbano y por obras que han limitado el espacio natural por donde discurren las aguas y el material arrastrado durante las lluvias intensas.
Hasta el momento no existe un proyecto definitivo para intervenir esta zona crítica. Las autoridades municipales y provinciales han señalado que se trata de una obra de gran envergadura que requeriría la participación del Gobierno Nacional.

Es así que, tras la atención inicial de la emergencia, no se han anunciado medidas concretas para ejecutar una solución permanente.
La eventual llegada de El Niño podría poner nuevamente a prueba la capacidad de respuesta de la ciudad frente a estos eventos.
Pero los riesgos no se limitan a los posibles daños materiales. Los especialistas también advierten sobre eventuales problemas de abastecimiento de agua en los próximos años. La disminución de lluvias en las cabeceras de cuenca podría reducir el almacenamiento en el sistema de represas que abastece a Arequipa.
Un escenario similar se registró durante los fenómenos de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, cuando la escasez de precipitaciones en las zonas altoandinas afectó las reservas hídricas disponibles para consumo humano y actividades productivas.
Por ello, los expertos consideran fundamental promover desde ahora un uso más eficiente y racional del agua, así como reforzar las medidas de gestión de recursos hídricos para afrontar posibles periodos de déficit.
En tanto, en la costa peruana las perspectivas son distintas. La presencia de lluvias intensas asociadas a El Niño podría ocasionar inundaciones, desbordes y daños en infraestructura, tal como ocurrió durante eventos anteriores de gran magnitud.
La preparación y prevención enfrenta una dificultad adicional. El desarrollo del fenómeno coincidirá con un periodo de transición política. El próximo 28 de julio asumirá un nuevo gobierno nacional y en enero de 2027 también se producirá el cambio de autoridades regionales y municipales.
Esta situación genera incertidumbre respecto a la continuidad de las acciones de prevención. Mientras las actuales autoridades se encuentran en la recta final de sus gestiones, serán los futuros gobernantes quienes probablemente deban enfrentar de manera directa los efectos de un eventual fenómeno de El Niño.
Lo ideal, indican los especialistas, es actuar es ahora. La prevención podría marcar la diferencia entre afrontar una emergencia anunciada o reducir significativamente sus consecuencias para la población arequipeña.
