Más de 1 millón de arequipeños expuestos a riesgo por El Niño
Por Jorge Turpo R.
La región enfrenta un escenario climático complejo, con inundaciones en la costa y sequías en las zonas altoandinas. El agro llega debilitado y con menor superficie sembrada, mientras persisten graves brechas en viviendas, colegios y establecimientos de salud.
REVELA INFORME DEL IPE
Arequipa tiene una amenaza que no siempre se ve cuando el cielo permanece despejado. Según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), 1.3 millones de arequipeños están expuestos a un riesgo alto o muy alto de inundaciones ante la presencia del Fenómeno El Niño (FEN).
Es decir, casi ocho de cada diez habitantes de la región podrían verse afectados por lluvias intensas, desbordes, huaicos o inundaciones.
Arequipa es la cuarta región del país con mayor cantidad de población expuesta a este peligro. El riesgo se concentra principalmente en la capital y en el eje costero de Camaná, Islay y Caravelí.
En contraste, en las provincias altoandinas el problema puede presentarse de otra manera: 45 mil personas están expuestas a riesgo de sequía, principalmente en Caylloma, Castilla, Condesuyos y La Unión.
El escenario adquiere mayor relevancia ante la perspectiva climática. El Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) estima una probabilidad superior al 62% de que el evento alcance una magnitud extraordinaria hasta enero de 2027.
La experiencia reciente demuestra que sus efectos no se limitan a las lluvias. En Arequipa, el mismo fenómeno puede significar inundaciones en la costa y déficit hídrico en las zonas altas.
La economista del Instituto Peruano de Economía (IPE), Stephani Maita, considera que una de las tareas inmediatas es aprovechar el tiempo disponible para reforzar la prevención. La identificación de las cuencas que pueden activarse, así como de las zonas con mayor peligro de inundaciones y deslizamientos, ya viene siendo desarrollada por entidades como CENEPRED y la Autoridad Nacional del Agua (ANA). El siguiente paso, sostiene, corresponde a los gobiernos regional y locales.
“Lo importante en todo caso es que además de la identificación de estas zonas de alto riesgo, los gobiernos subnacionales aprovechen el tiempo que les queda para terminar de desarrollar esas ideas de prevención”, señala Maita.
Eso implica acelerar trabajos de infraestructura y descolmatación de los sistemas de evacuación de agua antes de que las lluvias conviertan la amenaza en emergencia. La magnitud de la población expuesta hace que la prevención no sea un asunto exclusivamente ambiental, sino también urbano y social.
Más de la mitad de las viviendas de Arequipa son informales y muchas carecen de supervisión técnica o título de propiedad, una condición que incrementa su vulnerabilidad frente a inundaciones, huaicos y otros fenómenos.
A esto se suma que el 25,7% de los locales escolares requiere reconstrucción por riesgo de colapso y el 99,7% de los establecimientos de salud funciona con capacidad instalada inadecuada.
El otro frente está en el campo. Más de 100 mil hectáreas agrícolas están expuestas a inundaciones y otras 28 mil a sequías. El problema se agrava porque el 81,6% de la superficie agrícola de Arequipa utiliza riego tradicional por gravedad y depende de ríos y canales. Además, unas 450 mil alpacas, 159 mil ovinos y 52 mil vacunos se encuentran expuestos al impacto de una eventual escasez de agua.
La agricultura llega a este escenario con señales de debilidad. Entre enero y junio de 2026, la producción agropecuaria cayó 10,8%, mientras que a nivel nacional retrocedió apenas 0,6%. El olivo disminuyó 90,5% y el ají páprika 72,4%. La campaña agrícola 2025-2026, además, registró 5,5% menos áreas sembradas que la anterior.
Maita advierte que la agricultura tradicional, especialmente aquella orientada al mercado interno, tiene menos herramientas para enfrentar estos choques. En 2023, la menor presencia de lluvias redujo las áreas sembradas y afectó el rendimiento de los cultivos. Un escenario similar podría repetirse, con efectos sobre productos como el ajo, la aceituna y la cebolla. A ello se suma el costo todavía elevado de los combustibles, que encarece el transporte y puede trasladarse al precio de los alimentos.
El desafío, por tanto, no termina cuando pase la temporada de lluvias. Las próximas autoridades regionales y municipales tendrán que enfrentar simultáneamente dos riesgos: exceso de agua en la costa y escasez en las zonas altoandinas.

Reservorios, canales, cosecha de agua, prevención de inundaciones y reducción de la expansión de viviendas informales aparecen como parte de una agenda que no puede comenzar cuando llegue la emergencia. Arequipa conoce los efectos de El Niño. Lo que está por definirse es cuánto habrá aprendido de ellos.
