6-EDITORIAL
Un voto disperso que obliga a escuchar
Los resultados de la primera vuelta regional dejan una señal que no debería ser ignorada: el voto de los arequipeños se encuentra profundamente disperso. Ninguna candidatura logró expresar por sí sola una mayoría contundente y, por ello, la segunda vuelta no será simplemente una repetición de la campaña, sino una nueva oportunidad para interpretar lo que la ciudadanía quiso decir con su voto.
La fragmentación electoral tiene varias lecturas. Una de ellas es el debilitamiento de las lealtades políticas tradicionales. Otra, quizá más importante, es que una parte significativa del electorado no encontró en las opciones disponibles una propuesta capaz de concentrar sus expectativas. El resultado es una elección abierta, en la que los votos de las candidaturas que quedaron fuera tendrán un peso decisivo.
Pero esos votos no son un cheque en blanco.
Los candidatos que pasen a la segunda vuelta tendrán que comprender que no basta con sumar adhesiones políticas, dirigentes o fotografías de respaldo. Tendrán que convencer a ciudadanos que votaron por otras alternativas y que ahora esperan respuestas concretas sobre problemas que llevan años sin solución.
Arequipa necesita escuchar qué harán los futuros gobernadores frente al deterioro de las carreteras, la falta de agua y saneamiento, la precariedad de los servicios de salud, la inseguridad, el transporte y los riesgos que representa el Fenómeno El Niño. También debe saber de dónde saldrán los recursos para cumplir lo ofrecido y qué proyectos serán realmente prioritarios.
La segunda vuelta, por tanto, debería ser menos una disputa de consignas y más una confrontación de propuestas, capacidades y antecedentes. La ciudadanía tiene derecho a conocer no solo lo que cada candidato promete hacer, sino cómo piensa hacerlo, cuánto costará y en qué plazo.
El voto fragmentado también obliga a los partidos y movimientos a hacer una autocrítica. No es suficiente atribuir los resultados a campañas adversas, errores de comunicación o circunstancias coyunturales. Una elección fragmentada puede ser también una expresión de desconfianza y de distancia entre la política y las necesidades cotidianas de la población.
Los candidatos que ahora buscan ampliar su respaldo tendrán que escuchar más y prometer menos. Deberán demostrar capacidad para construir acuerdos sin convertirlos en repartos de poder y convocar a profesionales y ciudadanos más allá de las estructuras partidarias.
La segunda vuelta será, finalmente, una decisión entre dos opciones, pero no debería reducirse a escoger al menos cuestionado o al que tenga mayor maquinaria electoral. Arequipa merece una elección en la que se discuta su futuro con seriedad.
RESALTAR
El voto ya habló. Ahora corresponde a los candidatos demostrar que saben escucharlo.
