6-EDITORIAL
HONORIO DELGADO:
EL COLAPSO DE SIEMPRE
La crisis del Hospital Regional Honorio Delgado Espinoza no puede seguir tratándose como un problema circunstancial ni como una consecuencia inevitable de la elevada demanda. Cuando los pacientes esperan camas en los pasillos, las familias deben comprar medicamentos e insumos que no encuentran en el establecimiento y los procedimientos especializados se postergan durante meses, la discusión deja de ser exclusivamente médica: se convierte en un problema de gestión pública y de garantía del derecho a la salud.
El hospital atiende más de 150 pacientes diarios en emergencia, según las cifras difundidas sobre su demanda, y durante 2025 registró 52 662 atenciones en este servicio. Son cifras que reflejan la presión sobre un establecimiento que recibe pacientes de Arequipa y de otras regiones del sur. Pero la saturación no apareció de un día para otro. La pregunta es por qué, frente a una demanda conocida, las limitaciones de camas, personal, medicamentos y capacidad quirúrgica continúan afectando la atención.
Los testimonios de los pacientes revelan la gravedad del problema. Una joven con fracturas habría permanecido tres días en un pasillo, mientras su familia esperaba una intervención y terminó buscando alternativas para financiar una operación particular. Un paciente renal denunció que debe esperar nueve meses para una ecografía Doppler solicitada con carácter urgente. Son situaciones que requieren investigación y respuestas concretas, no explicaciones generales sobre la falta de recursos.
Especialmente delicada es la denuncia sobre el fallecimiento de un paciente cuyo estado se deterioró mientras su familia intentaba retirarlo del hospital. Las circunstancias deben esclarecerse mediante una evaluación de la atención recibida. No corresponde adelantar responsabilidades sin una investigación, pero tampoco ignorar un testimonio que demanda explicaciones.
El problema es reiterativo: la demanda crece, los servicios se saturan y las familias terminan soportando las consecuencias. Mientras tanto, las autoridades sanitarias y el Gobierno Regional deben demostrar qué medidas están adoptando para corregir las deficiencias, ampliar la capacidad de respuesta y garantizar el abastecimiento de insumos esenciales.
No basta con anunciar inversiones, atribuir las dificultades a la cantidad de pacientes o reconocer que el hospital cumple una función regional. Se necesitan indicadores públicos sobre disponibilidad de camas, tiempos de espera, cirugías pendientes, abastecimiento de medicamentos y contratación de especialistas. También se requiere un plan de contingencia con responsables, presupuesto y plazos verificables.
La salud pública no puede depender de que una familia consiga dinero para una operación, encuentre un contacto o tenga recursos para comprar lo que el hospital no proporciona. Esa desigualdad contradice el sentido de un servicio destinado a atender a la población que no puede recurrir permanentemente al sector privado.
El Gobierno Regional de Arequipa y la dirección del Honorio Delgado tienen la obligación de investigar las denuncias y corregir las deficiencias comprobadas. Cada demora evitable puede agravar una enfermedad; cada carencia compromete la atención.
RESALTAR
La emergencia no puede convertirse en una sala de espera para la dignidad de los pacientes. Arequipa necesita respuestas sostenidas y resultados comprobables, no volver a lamentar las mismas deficiencias cuando aparezca el siguiente caso.
