La sacudida y timpusca de peras cuenta la historia de Tiabaya
Por: Daniela Santander y Daniela Fernández.
Perales del distrito están a punto de desaparecer y no planta nuevos frutales.
La timpusca de peras es uno de esos platos que condensan la memoria del valle arequipeño. No es solo una sopa, ya que fue durante décadas el símbolo comestible de una celebración colectiva que tenía como escenario el distrito de Tiabaya y como fecha central el 6 de enero. Su sabor, marcado por la mezcla de ingredientes andinos y la inesperada dulzura de la pera, acompañaba una jornada donde la fe, la tierra y la cocina se encontraban en un mismo ritual.

Este potaje, también conocido como chaque de peras, toma su nombre del quechua timpuy, que significa “hervir”, y responde a la lógica de los chupes tradicionales del sur andino contundentes, nutritivos y pensados para compartir. En su preparación confluyen carne de cordero y chalona, trigo o patasca, chuño negro, cochayuyo, bledo, habas y hierbabuena. La pera, hervida aparte y añadida al final, aporta un contraste sutil que rompe con lo esperado y revela la sofisticación de una cocina que dialoga con su entorno agrícola.
La timpusca estaba estrechamente ligada a la llamada sacudida de perales, una tradición propia de Tiabaya que se realizaba en el marco de la Bajada de Reyes. Tras las celebraciones religiosas, los asistentes se dirigían a las huertas, donde los árboles eran sacudidos y las peras caían generosas, marcando el inicio de una jornada festiva que culminaba alrededor de la mesa. Era entonces cuando la timpusca cobraba sentido.
El historiador Manuel J. Bustamante recoge en La monja Gutiérrez y la Arequipa de ayer y de hoy que, durante el siglo XX, el ingreso a las huertas tenía un costo simbólico de diez centavos, lo que daba derecho a comer toda la fruta que se pudiera, aunque sin llevarse ninguna fuera del lugar. En aquellos años, Tiabaya contaba con alrededor de 40 huertas y más de 15 mil perales, un escenario que explicaba la abundancia de este fruto en la cocina local.

Hoy, la timpusca de peras se prepara cada vez menos. La escasez de la pera de Tiabaya y la transformación de los hábitos alimentarios han relegado este plato a un espacio casi íntimo, conservado por familias que heredaron la receta de generación en generación. Su elaboración ya no responde a la abundancia de antaño, aunque aún se mantiene viva gracias a algunas actividades, como » El Festival de la Timpusca de Peras” presente en cada aniversario del distrito. Antes era más común encontrar este plato en distintos restaurantes de Arequipa fuera de Tiabaya , pero ahora es complicado.
La paulatina desaparición de la timpusca de peras revela la pérdida de los platos arequipeños de antaño, aquellos que nacieron del campo, del calendario religioso y del trabajo colectivo. Es crucial seguir nombrando, cocinando y transmitiendo estos tradicionales potajes. Cuando la inmediatez y lo industrial ganan terreno, rescatar recetas como esta no es solo un ejercicio gastronómico, sino una forma de defender la identidad, la historia y la relación vital entre la cocina y la tierra que dio forma a Arequipa.
UNA SACUDIDA DE POCAS PERAS
Cada año, cuando las últimas peras caen de los árboles y el sonido de las ramas sacudidas se pierde entre risas y recuerdos de cientos de pobladores, Tiabaya se despide de un ciclo que va más allá de la cosecha. El llamado “sacudido de perales” no sólo marca el final del fruto en los campos, sino también un momento de encuentro entre generaciones, donde la memoria, la tierra y la tradición se abrazan para recordarle al pueblo quiénes son y de dónde vienen.
Pero además de marcar el cierre de la cosecha, ha puesto nuevamente en agenda la necesidad de impulsar una nueva plantación de perales que permita asegurar la continuidad de esta costumbre que forma parte de la identidad local. Muchos vecinos coinciden en que la falta de árboles jóvenes pone en riesgo la permanencia de la tradición.

Julio León, poblador de Tiabaya y conocedor de esta práctica ancestral, recordó que décadas atrás existía una gran cantidad de perales en la zona. “Antes había bastantes perales desde la curva de Arancota, se recogía libremente y todos participaban. Esa tradición viene desde los años cincuenta”, mencionó, resaltando que hoy el panorama es distinto.
Explicó que la sacudida de perales representa el final del ciclo productivo, cuando se recoge lo que queda del fruto para permitir que el árbol vuelva a producir. “Se sacudía todo lo que sobraba para que el peral empiece otra vez desde cero, eso va de la mano con la Bajada de Reyes”, indicó, resaltando el sentido agrícola de esta práctica.
No obstante, el vecino advirtió que muchos de los árboles actuales son antiguos y que se quiere una nueva plantación de perales. “En vez de forzar y amarrar las peras, deberían plantar nuevos árboles. La nueva generación necesita pedir una reforestación, para que no perdamos esta tradición”, afirmó, recordando que estos árboles pueden comenzar a dar frutos en apenas tres o cuatro años.
Finalmente, vecinos y autoridades coincidieron en que la reforestación de perales es una tarea pendiente que se debe realizar y llamaron a los jóvenes para que conozcan sus tradiciones y puedan generar programas de cuidado ambiental, fortaleciendo tanto la actividad agrícola como el legado cultural que se busca heredar a las futuras generaciones.
