Descentralización con hechos, no discursos

Por: Carlos Meneses

El compromiso presidencial debe medirse por sus frutos. Si en los meses que restan de su gestión, el Gobierno logra consolidar proyectos regionales y mejorar la articulación con los gobiernos subnacionales, el país habrá dado un paso real hacia la descentralización que todos anhelamos.

El Gobierno reafirmó su compromiso con la descentralización, asegurando que su gobierno “mantiene la plena disposición de colaborar con las regiones” y “redoblar los esfuerzos en inversiones y atenciones”. El anuncio, pronunciado durante la juramentación de la nueva directiva de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR), llega en un momento en que el país necesita más que palabras: necesita resultados visibles en las regiones que por décadas han sentido el centralismo como una forma de exclusión.

El Perú vive desde hace años un proceso de descentralización inconcluso. Si bien los gobiernos regionales han ganado competencias y presupuestos, aún persisten los nudos estructurales que impiden una gestión eficaz: la falta de capacidad técnica, la burocracia que retrasa proyectos y la limitada articulación con el Gobierno central. A ello se suman los problemas de corrupción y la fragmentación política, que debilitan la confianza ciudadana y entorpecen la ejecución de obras.

En ese contexto, el presidente Jerí debe fortalecer la coordinación con las regiones puede interpretarse como un gesto positivo, pero también como un desafío. Las visitas del mandatario a distintas zonas del país deben traducirse en políticas públicas coherentes, que cierren brechas en infraestructura, salud y educación, y no en simples recorridos simbólicos. El desarrollo territorial no se construye con discursos, sino con planificación, gestión eficiente y seguimiento constante.

El jefe de Estado sostiene que el Perú debe “sacar la fortaleza de cada una de sus regiones y explotar de forma responsable sus potencialidades”. Sin embargo, esa visión requiere una estrategia nacional que reconozca la diversidad productiva del país y promueva la inversión descentralizada con criterios de sostenibilidad. No basta con prometer mayor coordinación; es indispensable garantizar continuidad a los proyectos y evitar que los cambios políticos interrumpan el progreso regional.

El nuevo presidente de la ANGR, Luis Neyra, y los demás gobernadores tienen ahora la responsabilidad de convertir el discurso descentralista en una agenda conjunta con el Ejecutivo. La descentralización no puede seguir siendo un tema de campaña ni un recurso retórico. Es la vía más directa para lograr un desarrollo equitativo y cohesionado.

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