Obstetras se pelean en parto en el Goyeneche poniendo en riesgo a madre y su bebe

Por Jorge Turpo R.

Un video revela una discusión mientras el recién nacido presentaba signos de asfixia. La madre denunció maltrato y una grave falta de humanidad del personal. El caso ha generado indignación y exige sanciones para evitar que hechos similares se repitan.

CUESTIONADA ACTITUD EN SALA DE PARTOS

Lo que ocurrió el último sábado por la tarde en la sala de partos del hospital Goyeneche no es solo un incidente lamentable, es un retrato crudo de cómo la rutina, el poder mal entendido y la pérdida de sensibilidad pueden convertir un acto destinado a proteger la vida en una escena de riesgo y deshumanización.

Un video que circula desde entonces muestra a un recién nacido con signos evidentes de sufrimiento —su cuerpo amoratado— mientras un grupo de obstetras y personal asistencial discuten, se enfrentan y se disputan decisiones básicas en pleno alumbramiento.

La escena es difícil de asimilar incluso para quienes están acostumbrados a ver situaciones críticas en hospitales públicos. No se trata de un error técnico ni de una complicación médica inevitable, sino de una confrontación verbal y de actitudes prepotentes en el momento más delicado del parto.

En el video se observa cómo una obstetra intenta manipular de forma brusca el cordón umbilical, ordena a una de sus colegas que retire la mano y discute con otros miembros del equipo, mientras el tiempo corre en contra del recién nacido.

La madre, es la única voz que en ese momento parece advertir la urgencia real. “Vean, mi hijo se está poniendo morado”, se le escucha decir, en medio del caos.

Su pedido no obtiene una respuesta inmediata. El cordón no se corta a tiempo y la discusión continúa, como si la vida que acaba de llegar al mundo fuera un asunto secundario. Finalmente, el parto se concreta y tanto la madre como el bebé logran sobrevivir, pero el daño ya estaba hecho.

En su denuncia presentada ante Susalud, la madre, Natividad C.Z., relata con crudeza lo ocurrido durante el alumbramiento.

“Cuando estaba en labor de parto fui agredida, yo y mi bebé, por el personal del hospital. Al momento del parto, la doctora jaló muy fuerte del cordón, provocándome una molestia, y a mi bebé se demoraron en cortarle el cordón, tanto que se puso morado. Posterior a eso, las obstetras se pusieron a discutir durante mi parto; incluso les pedí, por favor, que dejaran de discutir por mi bebé, pero no me hicieron caso”, dijo.

El escándalo no quedó circunscrito al ámbito familiar. Fueron los propios enfermeros y trabajadores presentes quienes confirmaron lo sucedido. Desde el cuerpo médico del hospital Goyeneche se ha pedido que la investigación se acelere y que se determinen responsabilidades con claridad.

No es un reclamo aislado. Médicos del mismo establecimiento reconocen que en otras oportunidades madres gestantes han manifestado su malestar por el trato recibido en el área de ginecología y obstetricia, aunque nunca antes un hecho de esta gravedad había quedado registrado en video.

SIN RESPUESTA

La dirección del hospital, Paula Suclla Loayza, hasta el cierre de esta edición, optó por el silencio. La directora señaló encontrarse en comisión de servicio y evitó pronunciarse, al igual que la subdirectora.

Servicio del hospital Goyeneche empeora.

El mutismo institucional, en un caso que ha generado indignación pública, agrava la sensación de impunidad. No basta con anunciar investigaciones internas si no hay voluntad de transparencia ni una señal clara de que la vida de los pacientes está por encima de disputas internas o jerarquías mal entendidas.

Algunos médicos señalan que este tipo de situaciones se ha visto favorecido por resoluciones que otorgan mayor control del proceso del parto y de las salas quirúrgicas al personal de obstetricia.

El problema no es la función ni la profesión, sino el uso irresponsable del poder cuando se pierde de vista la ética y la humanidad. La experiencia profesional no justifica la soberbia ni el maltrato, mucho menos cuando hay una madre vulnerable y un recién nacido en riesgo.

Los familiares de Natividad, al ver el video, fueron contundentes: “Ni a un animal se le trata así”. La comparación duele, pero refleja la percepción de quienes vieron cómo una sala de partos se transformó, por minutos interminables, en un espacio de tensión y crueldad emocional.

El daño no es solo físico; es también psicológico, una marca que acompaña a una madre que, en lugar de recibir cuidado, tuvo que alertar sobre la vida de su propio hijo.

Este caso exige sanciones, pero también una reflexión profunda. El Colegio de Obstetras debe evaluar una falta ética grave y las autoridades de Susalud no pueden mirar al costado.

Incluso el Ministerio Público, en prevención del delito, debería intervenir. No se trata de venganza ni de linchamiento mediático, sino de justicia y de garantías para que ninguna mujer vuelva a parir en medio del miedo, la indiferencia y el conflicto.

Porque cuando el personal de salud olvida su compromiso con la vida, el problema deja de ser individual y se convierte en una falla del sistema. Y eso, simplemente, no puede repetirse.

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.