Cómo el Perú puede devorar los nichos que los gigantes desprecian

Tras un cuarto de siglo de dudas, se cerró el acuerdo político entre Mercosur y la Unión Europea (UE), pero aún no está plenamente ratificado, paso del papel a la tinta. Sin embargo, al momento comenzaron las protestas, no del Sur, donde el festejo se tradujo en samba o tango. Sino países de la Unión Europea, como los tractores franceses o las trilladoras polacas, por mencionar algunas. Además, hubo resistencia de subsectores en especial sobre carnes y su consumo.
Se logro en el aspecto legal, pero el asunto es la implementación que se verá en el Tribunal de la UE las observaciones que son de índole de subsidios, aranceles, etc. Mientras, hay que esperar que los países del Sur aprueben en sus respectivos fueros; los ministerios y congresos. Pero el asunto será una realidad cuando salga el primer contenedor producto del acuerdo.
Para países como el Perú, este no es un asunto ajeno, hay un refrán africano que dice; “cuando pelean los elefantes, es la hierba – o las hormigas – la que sufre”. Perú con una participación del 0.3% del comercio global, observa desde la tribuna como este “elefante” representa una cuarta parte del PBI global. En un mundo de grandes bloques de economías, la realidad no solo es la firma de un papel, sino la capacidad de las economías más pequeñas para no ser aplastadas por el proteccionismo de los grandes.
Viendo que el acuerdo Mercosur-UE es un elefante que avanza a paso lento y pesado, Perú no puede darse el lujo de la inercia. Para una economía que representa una mínima fracción del comercio mundial, la supervivencia, no depende de la fuerza bruta, sino de la agilidad estratégica, en los aspectos de innovación y diversificación.
Esa hormiga, mientras que el elefante; los gigantes de Mercosur (Brasil y Argentina) compiten por el mercado de commodites masivos y carne a gran escala, debemos profundizar en nichos de alto valor. No podemos competir con los extensos pastizales de argentina o la escala de producción de los brasileños, pero sí podemos liderar en estándares orgánicos, certificaciones ambientales y alimentos de “densidad nutricional altos”, como la quinua, maca, quiwicha, etc., y otros productos del sur, como Arequipa, lo que se llama “superfoods”. La meta es ser proveedor en variedad y calidad, ser el proveedor indispensable de lo que el consumidor europeo exige y que el productor masivo no puede ofrecer.
La unión de pequeños hace un ejército poderoso. Se tiene la consolidación de un bloque atlántico tan masivo, que debemos retomar e impulsar la Alianza del Pacífico. Si el Mercosur mira hacia Europa, nosotros debemos mirar que el bloque del Pacífico sea el contrapeso dinámico que facilite el acceso a Asia. Ver la seguridad económica peruana reside en poner la mayoría de los huevos en la canasta transpacífica, sin dejar de mirar a todos lados, en ello no son excluyentes los mercados de Europa y Asia.
Son dos años de pausa aproximadamente en el Tribunal de la UE, ese tiempo sería para nosotros una ventana de oportunidad. Uno de los principales reclamos europeos contra el Mercosur es la sostenibilidad y los estándares laborales. Tenemos la oportunidad de adelantarnos, mejorando la normatividad interna para que, cuando el “elefante” camine y empiece a trote, nuestras exportaciones ya cumplan con las exigencias del mañana, no con las de ayer.
Ser pequeño económicamente no es una condena, es una oportunidad. Exige inteligencia que debe tener coherencia en políticas públicas y capacidad de anticipación. Mientras que los elefantes pelean sus términos de su unión, la hormiga debe construir túneles, caminos alternativos que la lleven a nuevos mercados antes que el suelo empiece a temblar.
