Mi última obra: La torre de la iglesia de Santo Domingo

Por Carlos Meneses Cornejo

Era la última herida que quedaba de los terremotos de 1958 y 1960. Obra de reconstrucción que me propuse realizar, como obra última de mi gestión como presidente de la Corporación de Desarrollo de Arequipa.

LOS AREQUIPEÑOS QUE YO CONOCÍ

Después de los terribles terremotos que asolaron la ciudad de Arequipa en el 58 y 60, la iglesia de Santo Domingo y su convento de San Pablo quedaron muy dañados estructuralmente, su primer y segundo claustro, así como ambientes propios de la privacidad conventual, las visitas que realicé sin ser autoridad y ya cuando lo fui calaron en mí una deuda con aquella comunidad de frailes que siglos atrás fueron los primeros que evangelizaron estas tierras.

Si bien es cierto la torre de la iglesia no había caído en el terremoto de 1958, quedó seriamente dañada y según informes debía derrumbarse, por ser un gran riesgo para la población, no pudimos sobreponernos de ese terrible sismo que acaeció en 1960, echando por tierra la esbelta imagen del ángel que coronaba la imponente torre y con él los dos pisos, ambos campanarios, de la que para muchos entendidos fue la mejor torre arequipeña.

Ángel o Fama que corona la torre.

Así ese bello templo, que aún conservaba sus altares de cal y canto de exquisita arquitectura virreinal arequipeña, fue desmantelado y su piso cubierto de mármol italiano que muchas veces fue cubierto por elegante alfombra también fue desnudado y repuesto con uno muy sencillo de ladrillo pastelero, vacías las paredes y el altar en otro tiempo de también de mármol de Carrara fue desmontado para lucir sólo la arquitectura del templo y colocando un sencillo altar con la imagen del Cristo de la Veracruz de singular leyenda.

La Junta de Rehabilitación y la comunidad de frailes de la orden dominica entraron en debates continuos sobre la idea de demoler enteramente el templo y convento para edificar uno acorde a la modernidad y con mayor capacidad de aforo de fieles y por supuesto acorde a las directrices del concilio Vaticano, sin imágenes sacras y sólo con símbolos que representen la fe. Gracias a la intervención de fieles católicos y amantes de la tradición se logró aprobar el expediente de restauración del templo tal cual fue antes de los sismos, pero sin la suntuosidad que otrora tiempo fue la mejor de Arequipa.

La Torre o por lo menos el proyecto se vio relegado ya por falta de presupuesto o desidia de los frailes hasta 1980, gracias a la voluntad y empeño del Dr. Huajardo Lazo, quien elaboró un expediente histórico arquitectónico sobre la citada torre en el que citó de magnífica manera los esfuerzos que en distintas épocas habían realizado los arequipeños y los frailes por embellecer la iglesia con una magnífica torre campanario.

Refrendado este estudio con el proyecto suscrito por el Arq. Agramonte Cárdenas, así como del Instituto Nacional de Cultura Filial Arequipa, todo quedó listo para su reconstrucción, el presupuesto estaba comprometido, dejando la tarea de culminar el proyecto al siguiente gobierno que nos sucedería de 1985 a 1990.

Proceso de reconstrucción de la iglesia de Santo Domingo.

Se reconstruyó con el proyecto que irá fiel en su composición al estado anterior de los terremotos en mención, conservando sus columnas y cabezas clavas que representaron tal vez a santos de la orden dominica o frailes fundadores del convento, solo se rescataron 3 y en base a ellas se elaboraron las 9 faltantes dejando por expresa recomendación mía que si se lograba saber por estudios de algún entendido en la materia a quienes pertenecían tales cabezas se restituyeran las que correspondan.

Del simulacro de ángel o fama es tema aparte, se colocó uno más pequeño y menos pesado que el anterior, portador como San Miguel, en algunas ocasiones de un farol, como ángel lucífero en fiestas principales del convento de Santo Domingo.

La esbelta torre de Santo Domingo, fue la última herida de los terremotos del 58 y 69, no podía permitirme que pasara un quinquenio más sin reconstruirse, ya había sido mucho el no reconstruirse la capilla de San José que estuvo al costado de la iglesia y de la que no queda más que recuerdos fotográficos o en la memoria de algún viejo como yo. No podía dejar que la torre fuese solo un recuerdo, tenía que hacerse realidad su puesta en valor, me opuse también a la exposición que hicieran de su claustro mayor con vista a la calle Piérola y teniendo solo como débil defensa una sencilla reja que fue objeto de ingreso para los ladrones que se llevaron las alhajas de la Virgen del Rosario por los años 90.

Culmino habiendo cumplido contándoles la historia de la reconstrucción de la Giralda Arequipeña, del tañir de sus cinco campanas cada vez más escaso. Así termino también mi largo camino escribiendo en las columnas de este diario, escribiendo para ustedes la que fue mi última obra como Presidente de la CORDEA y mi último artículo, he entregado todo lo que sé y aún recuerdo, para llevar a sus hogares un poco de historia entre tantas noticias muchas malas y pocas buenas, esperando estar siempre en su recuerdo, anidando tal vez ese amor por la ciudad en los arequipeños jóvenes en los que estarán los destinos de esta Arequipa siempre suya. Se despide de ustedes su amigo, Carlos Meneses Cornejo.

Plano de elevación «Proyecto Torre de Santo Domingo-1985».

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