Arequipa no debe dejar de morir su patrimonio
Por: Carlos Meneses
Arequipa necesita mirar nuevamente su patrimonio como una fuente de identidad y de desarrollo cultural y turístico. Cada casona restaurada no es solo una fachada rescatada, sino una página viva de la historia que se niega a desaparecer. Dejar que se pierdan es renunciar a lo que somos. Y un pueblo que deja caer su memoria, termina también olvidando su futuro.
El Centro Histórico de Arequipa, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, guarda entre sus muros de sillar, balcones de madera y portones centenarios la memoria de una ciudad que fue símbolo de identidad y orgullo. Sin embargo, ese corazón histórico hoy late con dificultad. Cerca de 300 casonas del Cercado, muchas de ellas del siglo XVIII y XIX, se encuentran en riesgo por falta de mantenimiento, abandono y desinterés ciudadano.
El panorama es preocupante. Según el Órgano Desconcentrado de Cultura (ODC) de Arequipa, apenas una veintena de inmuebles recibió algún tipo de intervención en enero, pese a que la mayoría muestra daños visibles. Las solicitudes de mantenimiento no superan las cinco por semana. La lentitud de los trámites, la falta de incentivos económicos y la ausencia de una cultura de conservación hacen que la restauración del patrimonio avance a un ritmo desesperadamente lento.
El director del ODC, Harold Loli Rosales, recuerda que la ley es clara: el mantenimiento recae, en primer término, en los propietarios. Pero ese principio se desmorona cuando los dueños abandonan los predios, los dejan vacíos o simplemente no existen registros actualizados de posesión. Así, casonas de valor histórico quedan libradas al tiempo, al deterioro y, en algunos casos, a intervenciones ilegales que agravan el daño.
El resultado es visible en calles como Deán Valdivia, Alto de la Luna o San Camilo, donde los techos vencidos y muros cuarteados hablan del abandono de décadas. Cuando la conservación depende solo de la voluntad individual, el patrimonio termina siendo víctima de la indiferencia colectiva.
La respuesta institucional, aunque necesaria, sigue siendo insuficiente. Los gobiernos local y regional solo actúan en casos de emergencia o cuando hay riesgo para la vida humana. Pero el rescate del Centro Histórico no puede seguir siendo una tarea reactiva. Urge una política pública sostenida que combine fiscalización, incentivos tributarios, asesoramiento técnico y participación ciudadana.
