Veo muchos libros mal editados
Por Willard Díaz
Leonardo Aguirre es uno de los escritores peruanos que cuida más el lenguaje de sus obras. Orfebre de la palabra, cualquiera sea el tema que aborde, su prosa lleva una musicalidad muy bien cuidada, seductora.
Hace poco estuvo de visita nuevamente en Arequipa y aprovechamos para reunirnos y conversar un poco más sobre su trabajo y sobre la literatura peruana reciente.
¿Cómo te fue con “Elogio del asterisco”?
Era una propuesta arriesgada en varios sentidos, sobre todo en el lingüístico. Yo, por lo menos, no he visto en la literatura peruana un libro que contenga tal cantidad de juegos de palabras. Quizá en otros lugares, en España por ejemplo sí. Mi objetivo era jugar con las palabras todo el tiempo.
Pero también es arriesgado el tema, porque son cuatro relatos eróticos, lo que ya es de por sí inusual. No hay mucha literatura erótica en nuestra tradición; y además en una variante del erotismo poco explorada, el erotismo anal.
Entonces fue muy arriesgado. Por lo cual tuve respuestas de los dos tipos. De un lado lectores muy entusiastas, y de otro gente que sencillamente no entendía, gente muy competente en literatura y sin embargo se perdía en este exceso de juegos de palabras; y algunos que no conectaban con el tema. Hay quienes no quiere ver reflejadas ciertas experiencias humanas en un libro. Les parece que hay cosas de la experiencia humana que no debería estar en letras de molde. Sexo anal les parece demasiado. No obstante que mis textos no eran explícitos. Eran relatos eróticos contados con una gracia lingüística que debía ser mucho más destacada de lo que fue.
Y también es probable que no haya circulado tanto como otros libros míos.
Los que piensan que es pornografía también se van a dar una decepción porque eso no es. Lo que prima es el trabajo con las palabras, he incorporado no solo jerga limeña sino palabras de otros idiomas, para darle una sonoridad y un color especial a la prosa.
P. ¿Una buena edición tuya a cuántos ejemplares llega?
El libro al que mejor le ha ido es “Una cocina Surge”. Salió una segunda edición. Más de lo que yo esperaba, dos mil libros.
P. Todos publicados en Peisa, ¿no?
Sí, ahí empecé y ahí sigo. Coronado es de los pocos que aceptan mis locuras.
P. Claro, Coronado es una especie de Robin Hood de la literatura peruana. Es otro aventurado, como tú.
Él sabe que no va a vender miles, pero apuesta por libros que le parecen literariamente valiosos.
P. ¿Ahora qué viene?
Estoy preparando un libro, una novela. Y al mismo tiempo estoy trabajando un libro sobre varios personajes del mundillo literario limeño. No es que trabaje dos o tres libros al mismo tiempo. Comienzo uno y sigo hasta que se me acaba el entusiasmo y tomo otro e igual sigo hasta que me aburro, y así. Luego retomo algo y reviso lo anterior. Siempre estoy escribiendo. Algunas cosas terminan por madurar y las publico. Otras se quedan por allí esperando más trabajo. Cuando decido publicar algo me meto de cabeza para pulirlo.
P. ¿Qué es de cabeza? ¿Cuántas horas?
Diez horas diarias, a veces doce. De día o de noche. Siempre mi hora más lúcida es entre once de la mañana y una de la tarde. A veces trabajo de noche, hasta las tres o cuatro de la madrugada.
P. ¿Lees mientras escribes?
Cuando estoy metido en el proyecto ya no leo a otros. Prefiero atender a cosas que no tienen nada que ver con la literatura. A esas alturas uno ya lee poco por placer, lee en modo chamba. Corregir lo que está escribiendo.
Cuando ha terminado y se ha publicado el libro a veces paro un par de meses y me pongo a leer a otros autores.
P. Tengo la impresión que lees mucho a los autores peruanos. ¿Es verdad?
Leo a Cabrera Infante, a autores que están en mi onda. No sigo mucho la movida limeña. Me entero de cosas, sí.
P. ¿Has leído el último libro de Gamboa?
No, no lo he leído. Debo decir que el adelanto de las primeras páginas que se publicó en diarios no me entusiasmó mucho. Quizás luego mejore, que agarre vuelo.
P. Y fuera del circuito comercial, ¿qué te pareció bueno?
No recuerdo nada en especial.
P. ¿Si te doy nombres?
A ver.
P. ¿Richard Parra?
No conecto mucho con la onda de Parra. Me parece que pasa por encima de muchas cosas. Cuenta un montón de situaciones violentas pero por encima, no se mete o compromete con ninguno de los personajes. Aparte de su lenguaje muy seco, despojado, sucio por momentos; un lenguaje que a estas alturas de mi vida ya no interesa tanto.
P. ¿Adahui?
Me quedé en el libro de cuentos “Aquí hay icebergs”. Estaba súper bueno. No he leído lo que publicó después.
P. ¿Prochazka?
No he leído mucho de él, es una onda que no está cerca de la mía. Un ámbito muy frío. Lo respeto mucho pero que no me conmueve.
P. ¿Effio?
Somos muy amigos así es que no te fíes mucho. Su último libro, “Nuestros venenos”, una novela policial, está muy bien. Se ha vendido bastante. Bien por él. Claro, yo podría hacer algunos reparos respecto al argumento, pero me parece que está tan bien escrito que uno se olvida de esos reparos.
P. ¿Castañeda?
Luis Hernán Castañeda. Ha publicado bastante. Ha publicado últimamente una novela contundente titulada “Vocación”. Aunque prefiero de los suyos “Yo soy un escritor rural”, que es un libro breve, un poco experimental que no se sabe si clasificarlo como libro de cuentos, de ensayos, de reflexiones; un libro híbrido que me pareció muy interesante.
P. ¿Lees poesía? ¿Escribes con música?
Leo poca poesía, lo mío va por la música. Leo libros sobre música, estoy atento a nuevos géneros musicales. Pienso que en la literatura peruana hay poco interés en la musicalidad de la prosa. Quizás por eso es un poco deslucida.
En mi caso la cosa es intuitiva. A mí me suena que la frase debe acabar así. Me suena que sobran palabras. O estas dos palabras no pueden ir juntas. Aquí mejor una oración corta.
Donde no lo hice así fue en “Interruptus”, ahí apliqué métrica, claro. Todo en base a cuatro o cinco sílabas, máximo seis.
También hay algo visual. Este párrafo está demasiado largo, hay que cortarlo con un diálogo. Dejas espacios en blanco antes y después para que respire la página.
P. ¿Y cuando te relees notas tu rítmica?
Al comienzo releía, pero ahora no mucho. Cuando tengo que sacar un cuento antiguo, para una antología, lo corrijo porque ya no escribo así. El oído del que era entonces ya es del que soy ahora. Uno ya ha leído más cosas, ha visto más películas. Veo una frase muy corta y digo vamos a alargarla. Esto suena mal. Y es natural, con los años uno va madurando, progresando, atendiendo a cosas más importantes.
Claro, cuando uno recién publica está seguro de lo que ha hecho, cuando pasa el tiempo ya no está tan seguro. Pero era lo mejor que se pudo hacer en ese momento.
P. ¿Qué libro de otro autor te gustaría corregir?
Me pasa todo el tiempo. No recuerdo uno en especial, pero sí veo libros que han sido mal editados, mal corregidos por un editor. Hay potencial pero se desluce en la escritura. Pasa mucho en nuestra literatura.
