Chullo: historias de resistencia tras la furia de la torrentera

Texto y fotos: Pablo Rojas H.

El estruendo del agua y el golpe de las piedras anunciaron el desastre. En pocos minutos, la torrentera El Chullo, que desciende desde las zonas altas de Cayma, se convirtió en un río desbordado que arrasó con todo a su paso. El 19 de febrero, Sachaca fue testigo de una de las emergencias más violentas que recuerda su historia reciente: viviendas destruidas, animales muertos, chacras cubiertas de lodo y una población que aún intenta asimilar lo ocurrido.

La casa de sillar que resistió el desborde

A la entrada de la ciudad, por la Variante de Uchumayo, una vieja casa de sillar se mantiene en pie. Es el hogar de María Valdivia Meza, de 81 años, y de su hija Roxana, quien padece discapacidad intelectual. Ambas sobrevivieron de milagro cuando el caudal de la torrentera irrumpió con violencia, inundando su vivienda y destruyendo su cocina y patio.

“Pensé que el agua se las llevaría a las dos”, relata un vecino que logró evacuarlas al segundo nivel. Mientras tanto, el lodo cubría los ambientes y los muros retumbaban con el golpe de las piedras.

María, que lleva toda su vida en ese lugar, asegura que jamás había visto una crecida de tal magnitud. Aunque su casa resistió, cree que la torrentera cambió de curso debido a modificaciones en su cauce natural. “La piedra del Misti resistió, pero el agua buscó un camino que antes no existía”, comenta, mirando las grietas del suelo donde alguna vez tuvo su corral.

La granja que desapareció en minutos

A pocos metros, Abraham Meza, agricultor y criador de cuyes, enfrenta otra tragedia. Su pequeña granja, que era su sustento familiar, quedó destruida.

“Perdí más de 400 cuyes. Todo se fue en cuestión de minutos”, cuenta señalando el terreno cubierto de barro.

El agua ingresó por la línea del ferrocarril, derribó muros y fracturó paredes. También sepultó su sembrío de maíz. “Antes la torrentera bajaba fuerte, pero no así. Han cambiado su curso. Ahora el agua choca con las construcciones y busca salida donde puede”, lamenta mientras remueve el lodo con una pala vieja.

Huir al segundo piso para sobrevivir

En la vivienda de Emma Rojas, el miedo se volvió desesperación cuando el agua alcanzó casi 1.70 metros. Dos adultos mayores quedaron atrapados y debieron refugiarse en el segundo nivel para no ser arrastrados. Refrigeradoras, camas y muebles quedaron inutilizados; los animales domésticos murieron ahogados.

“Fue como si la casa temblara por dentro”, recuerda uno de los familiares. La corriente rompió las puertas, invadió los cuartos y se llevó todo a su paso. Hoy, el barro cubre la primera planta y las paredes aún muestran la marca del nivel que alcanzó el agua.

Las chacras sepultadas tras el desborde

En la parte baja de Los Arrayanes, las chacras se convirtieron en un paisaje desolado. Fátima García, agricultora, señala los restos de su cultivo de papa y cebolla cubiertos por una gruesa capa de tierra y piedras. “Todo quedó enterrado. Ni siquiera se distingue el surco”, dice con tristeza.

Más de 50 topos de cultivo resultaron dañados, afectando a decenas de familias que dependen de la agricultura en Sachaca. Los vecinos coinciden en que el desborde no fue solo producto de la lluvia, sino también de obstrucciones en el cauce. “El agua fue represada en algunos puntos y cuando se liberó, bajó con furia”, explican los agricultores, quienes ahora intentan rescatar lo poco que quedó.

Reclamos y temor a una nueva tragedia

Tras el desastre, la indignación crece. Los vecinos acusan falta de prevención y una respuesta lenta de las autoridades. “Prometieron maquinaria, pero solo trabajaron unas pocas horas. Somos nosotros quienes estamos limpiando nuestras casas”, reclama un morador mientras muestra su vivienda cubierta de barro.

Los pobladores advierten que tuberías y estructuras instaladas en el cauce habrían actuado como un “tapón”, desviando el agua hacia las viviendas. Temen que, si no se retiran esos obstáculos, el riesgo persista con las próximas lluvias.

La torrentera también afectó infraestructura privada e industrial. En el terminal de Cruz del Sur, al menos diez buses quedaron cubiertos por el lodo luego de que el caudal se desviara hacia el recinto. Asimismo, cerca de tres kilómetros de vía férrea entre Yanahuara y Sachaca resultaron dañados; en algunos tramos, los rieles quedaron suspendidos en el aire tras la erosión del terreno.

Una herida que trasciende lo material

Mientras las familias limpian lo que quedó, las historias de María, Abraham, Emma y Fátima retratan la resistencia silenciosa de quienes enfrentaron el desastre con lo poco que tenían. Sobrevivieron al agua, pero ahora encaran el desafío más grande: reconstruir sus vidas en medio de la pérdida, la incertidumbre y el temor de que la furia del Chullo vuelva a repetirse.

En Sachaca, la torrentera no solo dejó barro y destrucción. Dejó también una lección dolorosa sobre la fragilidad de la ciudad frente a la naturaleza y la urgencia de prevenir antes de lamentar.

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