Ingresos del canon minero aumentarán ante alta demanda del cobre a nivel mundial

Por Jorge Turpo R.

Un informe señala que el auge de la transición energética y la inteligencia artificial impulsa los precios del metal y posiciona al Perú como proveedor estratégico. El desafío es convertir estos mayores recursos en obras y servicios que cierren brechas sociales y generen desarrollo sostenible.

ECONOMÍA REGIONAL CON EXPECTATIVA

Un reciente informe de la Red de Estudios para el Desarrollo advierte que el mundo necesita cada vez más minerales estratégicos y que el Perú tiene una posición privilegiada para atender esa demanda. En ese escenario, el cobre aparece como el gran protagonista de la nueva economía global y, con él, los ingresos por canon minero para las regiones productoras, como Arequipa, seguirán en aumento en los próximos años.

En 2025, Arequipa recibió más de mil millones de soles por concepto de canon minero, impulsada por la producción de una de las operaciones cupríferas más importantes.

Según el informe, este flujo de recursos podría incrementarse sostenidamente si se mantiene la tendencia al alza en el precio internacional del cobre y la expansión de la demanda global vinculada a la transición energética y la revolución tecnológica.

El dinamismo del sector minero ya mostró señales claras el año pasado. La producción minera creció y aceleró hacia el cierre del 2025, impulsando las exportaciones y el empleo en múltiples regiones.

Entre enero y septiembre, el valor de las exportaciones mineras metálicas superó los 42 mil millones de dólares, representando casi dos tercios del total exportado por el país. La minería, en simple, sigue siendo el motor de las divisas y de buena parte de la actividad económica nacional.

Ese crecimiento tiene un correlato directo en las regiones. A octubre de 2025, el canon minero acumulado superó los 6900 millones de soles, uno de los niveles más altos de los últimos años.

Regiones como Áncash, Arequipa, Moquegua y Tacna concentran la mayor parte de estos recursos, lo que abre una ventana de oportunidad para financiar infraestructura, servicios básicos y proyectos que cierren brechas sociales históricas.

La clave de esta expansión está en el cobre. A inicios de 2026, el precio del metal rojo alcanzó un nuevo máximo histórico cercano a los 13 mil dólares por tonelada, alrededor de 6 dólares la libra.

De acuerdo con el análisis citado por la REDES, este incremento responde a cambios estructurales en la economía global.

Primero, la transición energética y la electrificación del transporte elevaron la demanda para redes eléctricas, baterías y energías renovables. Sin embargo, en los últimos años surgió un nuevo actor decisivo: la inteligencia artificial.

La expansión de centros de datos y la necesidad de infraestructura tecnológica para procesar grandes volúmenes de información están generando una demanda exponencial de cobre.

Proyecciones recogidas en el informe señalan que en apenas tres o cuatro años estos centros podrían convertirse en los principales consumidores del metal, desplazando incluso a la industria de energías renovables y a la fabricación de vehículos eléctricos.

Las previsiones a largo plazo refuerzan esta tendencia. La demanda mundial de cobre crecería alrededor de 50% hacia el 2040, impulsada por la transición energética, la expansión industrial y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Al mismo tiempo, se anticipa un posible déficit de suministro hacia el 2026 debido a las restricciones en la apertura de nuevos proyectos y a la lenta expansión de la oferta. Este escenario convertiría al cobre en un recurso estratégico y escaso, con precios sostenidamente altos.

OTRA OPORTUNIDAD

Para el Perú, esta coyuntura global representa una oportunidad económica significativa. La mayor producción y los precios elevados incrementan la recaudación por impuestos y regalías, lo que a su vez eleva el canon minero transferido a gobiernos regionales y locales. En otras palabras, cuando el cobre sube en el mercado internacional, también crece la capacidad de inversión pública en las zonas productoras.

El desafío, sin embargo, no es solo recibir más recursos, sino utilizarlos mejor. El canon minero es la contraprestación económica que el Estado obtiene por la explotación de los recursos minerales y se distribuye principalmente entre regiones y municipios mineros. Estos fondos deben destinarse a proyectos de inversión pública de impacto, como infraestructura vial, saneamiento, educación y salud, con el objetivo de cerrar brechas sociales y mejorar la calidad de vida de la población.

No obstante, el informe advierte que la eficacia del canon depende de la capacidad de gestión de los gobiernos subnacionales.

La historia reciente muestra que, pese a los elevados montos transferidos, muchas obras se retrasan, se paralizan o no responden a las necesidades más urgentes de la población. El riesgo es claro y reside en que el auge del cobre se traduzca en mayores ingresos, pero no necesariamente en desarrollo tangible para las regiones.

La comparación entre la creciente demanda global de cobre y el uso del canon minero revela una paradoja económica.

Mientras el mundo acelera su transición hacia tecnologías intensivas en minerales y mira al Perú como proveedor estratégico, en el ámbito local aún persisten brechas en agua potable, infraestructura educativa y servicios de salud.

La bonanza de recursos convive, así, con déficits sociales que requieren planificación y eficiencia en la inversión pública.

El avance de la tecnología pone a Perú en un lugar expectante por tener la materia prima que se necesita.

Por ello, REDES concluye que el verdadero impacto de la minería no se medirá solo por el volumen de exportaciones o por el monto del canon recibido, sino por la capacidad de convertir esos ingresos en obras concluidas, servicios de calidad y oportunidades sostenibles para las familias. El mundo necesita minerales y el Perú los tiene; el reto es que esa riqueza no se quede en cifras récord, sino que se traduzca en progreso visible en cada región productora.

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