Arequipa enfrenta los estragos de intensas luvias
FAMILIAS ENTERAS DURMIERON EN ALBERGUES IMPROVISADOS
Durante una semana, Arequipa vivió bajo la amenaza constante del cielo. Las lluvias, que comenzaron de manera intermitente a inicios de febrero, se intensificaron hasta alcanzar niveles que no se registraban en años. Día tras día, la ciudad amaneció con calles anegadas, torrenteras desbordadas y barrios enteros luchando contra el avance del agua y el lodo. En distritos como Cayma, Yanahuara, Paucarpata y Mariano Melgar, las precipitaciones dejaron un rastro de destrucción: muros colapsados, viviendas inundadas, vehículos atrapados y cientos de familias intentando rescatar lo poco que podían.


El informe del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) confirmó la magnitud del desastre: dos personas fallecidas, 2301 afectadas, 78 damnificadas y más de un centenar de vehículos dañados. Las zonas altas de la ciudad fueron las más castigadas, con torrenteras como El Chullo y Los Incas fuera de cauce, mientras los distritos del Cono Sur vivieron prolongados cortes de agua y energía.


Las autoridades activaron centros de emergencia y desplegaron maquinaria pesada, pero los daños evidenciaron nuevamente la fragilidad de la infraestructura urbana y la falta de obras de prevención. En varios puntos, los desagües colapsaron y las quebradas, olvidadas durante años, volvieron a reclamar su cauce natural.


El impacto humano fue profundo. Familias enteras durmieron en albergues improvisados, mientras la solidaridad entre vecinos permitió enfrentar las primeras horas de la emergencia. A medida que el agua retrocede, queda al descubierto el verdadero desafío: reconstruir lo perdido y asumir que Arequipa no puede seguir improvisando frente a un clima cada vez más violento. La semana de lluvias intensas dejó no solo daños materiales, sino también una lección urgente sobre prevención y resiliencia.


