CUARESMA: TIEMPO DE ESCUCHA

Arzobispo de Arequipa
Con el Miércoles de Ceniza, que hemos celebrado hace unos días, ha comenzado la Cuaresma, tiempo de gracia que Dios nos concede a través de la Iglesia para prepararnos para la Pascua, que es la fiesta central de los cristianos porque en ella se hace presente para nosotros, con singular intensidad, el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, gracias al cual hemos sido liberados de la esclavitud del pecado (Heb 2,24) y hechos partícipes de la vida divina. Como dijo el Papa Francisco hace algunos años, «la Cuaresma es un camino hacia Jesús resucitado…no es un fin en sí mismo sino finalizado a hacernos resucitar con Cristo» (Audiencia general, 1.III.2017). De ahí la importancia de recorrer bien el camino cuaresmal, porque de eso depende que experimentemos en lo profundo de nuestro ser y en nuestra vida cotidiana los frutos de la Pascua, es decir que participemos de la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte que el pecado acarrea. En cambio, si vivimos la Cuaresma como cualquier otro tiempo del año, la Pascua también será como cualquier otro tiempo del año: nada cambiará para bien en nuestra vida.
Por eso, es tradición que el Papa emita cada año un mensaje para orientarnos en el itinerario cuaresmal. Así, en su mensaje de este año, el Papa León XIV nos recuerda que: «La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas». Y para ello, el mismo Papa nos anima a dejarnos alcanzar por la Palabra de Dios, escucharla, acogerla con docilidad de espíritu y dejarnos transformar por ella, porque «la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro»; en este caso, con Dios. Como dijo san Juan Pablo II: «Frente al pecado que desfigura el corazón del hombre, el Señor se inclina hacia su criatura para reanudar el diálogo salvífico y abrirle nuevas perspectivas de vida y esperanza. Especialmente durante el tiempo de Cuaresma, la Iglesia profundiza este misterio de salvación» (Homilía, 25.II.1998).
En consonancia con las enseñanzas de los Papas, quisiera aprovechar estas líneas para invitarlos a comenzar esta Cuaresma poniéndonos a la escucha de la Palabra de Dios. En el tiempo tan agitado y acelerado que nos ha tocado vivir, todos tenemos muchas cosas que hacer y corremos el riesgo de distraernos en lo que se nos presenta como “urgente” y dejar de lado lo principal: poner en el centro de nuestra vida el misterio del amor de Dios manifestado en Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros. Recuperemos, si alguno la ha perdido, la centralidad de la Palabra de Dios. Escuchémosla con atención en la Misa y procuremos también dedicar algún momento de nuestra jornada, o al menos de la semana, a leer algunos párrafos de la Biblia en la intimidad de nuestro hogar, en el silencio de nuestro corazón, y dejemos que esa Palabra vaya entrando en nosotros y guiando nuestros pasos hacia la Pascua.
