SALUD EN PAUSA

Por: Carlos Meneses

La suspensión de la huelga ofrece una pausa necesaria para retomar el diálogo. Pero esa tregua solo tendrá sentido si se traduce en reformas reales que fortalezcan el sistema de salud. De lo contrario, la crisis volverá a repetirse, con las mismas consecuencias: hospitales paralizados y pacientes esperando respuestas que el Estado está obligado a garantizar.

La suspensión temporal de la huelga médica en Arequipa representa, sin duda, un alivio inmediato para miles de pacientes que durante más de dos semanas vieron interrumpidas sus consultas y tratamientos. Sin embargo, el retorno a la atención en los hospitales no debe interpretarse como el final del problema, sino como el inicio de una etapa crucial para resolver una crisis que se arrastra desde hace años en el sistema sanitario regional.

El anuncio realizado por la Federación Médica confirma que más de 18 mil citas médicas deberán ser reprogramadas tras casi 20 días de paralización. Detrás de esa cifra hay historias concretas: pacientes que aguardaban controles de enfermedades crónicas, diagnósticos pendientes o tratamientos que no pueden seguir postergándose. La reapertura de consultorios externos en hospitales como el Hospital Regional Honorio Delgado Espinoza y el Hospital Goyeneche será un paso necesario, pero insuficiente si no se implementa un verdadero plan de recuperación de atenciones.

La huelga dejó al descubierto, una vez más, las profundas debilidades del sistema de salud regional. La falta de medicamentos, la escasez de insumos y el deterioro del equipamiento médico no son problemas nuevos. Son deficiencias que se repiten año tras año y que terminan estallando en conflictos laborales que afectan directamente a la población.

En ese contexto, la instalación de una mesa de diálogo entre los representantes del gremio médico y el Gobierno Regional de Arequipa constituye una oportunidad que no debe desperdiciarse. Las conversaciones anunciadas deberán traducirse en soluciones concretas y medibles, porque los pacientes no pueden seguir siendo los principales perjudicados cada vez que se agudiza la crisis del sector.

El desafío inmediato es recuperar el tiempo perdido. Reprogramar más de 18 mil citas requerirá ampliar horarios de atención, reorganizar agendas médicas y fortalecer los recursos humanos en los establecimientos de salud. Pero, más allá de la contingencia, el problema de fondo sigue siendo estructural.

No es aceptable que hospitales de referencia funcionen con salas de operaciones limitadas o equipos fuera de servicio, ni que los profesionales de salud deban trabajar en condiciones precarias para atender a una población cada vez más demandante.

También corresponde reconocer el esfuerzo del personal médico y sanitario que, pese a las carencias del sistema, continúa sosteniendo la atención de miles de pacientes. Su labor es fundamental para evitar que las deficiencias del sistema se conviertan en tragedias humanas.

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