YO NECESITO SABER QUE ES EL AMOR

“Un día un niño le preguntó a su padre ¿qué es la vida? y el padre contestó “el amor es la vida”. Pasaron algunos años, el niño creció y ya siendo un adulto crítico volvió a preguntarle a su padre ¿qué es la vida? y el padre sentenció “no hay amor y no hay vida”; el hijo protestó por la respuesta emitida por lo que el padre completó “te dije algo de la vida cuando eras niño para tranquilizarte, pero recuerda que ya no lo eres, por eso te repito, no hay amor y no hay vida, ahora descubre en ti la respuesta a tu interrogante”.

¿Cómo puedo saber que es el amor?

¿La ausencia y el dolor son evidencia clara de que amo a alguien?

¿Darse por completo a otro es una manifestación de amor?

Muchas veces ignoramos la naturaleza de nuestros sentimientos. Valoramos los recuerdos negativos de nuestra vida como evidencias claras del amor o del desamor que logramos experimentar junto a alguien. Las evocaciones de unas cartas perdidas llenas de nostalgia, la sensación del latido del corazón intenso en el pecho, la necesidad de estar acompañado, la urgencia por saber que aquel mensaje de texto llegó a tiempo y la intranquilidad nacida en la mente al saberse olvidado por alguien no son más que muestras claras del conflicto emocional que hemos logrado experimentar a lo largo de los años.

Un día de tantos descubrimos que “no sabemos nada del amor” y que aquellas experiencias sentimentales no podrían ser valoradas como constructivas o como relaciones destructivas.

Y es que un día descubrimos “que no sabemos realmente quiénes somos y no sabemos tampoco quiénes son los demás”.

Amar u olvidar genera llanto, sufrimiento y pena en aquel ser humano confundido que no puede vivir a plenitud su presente y que cataloga su vida como un desierto o como la antesala del infierno.

El viento siempre estará a favor de aquel que haya podido experimentar el siguiente concepto: “solo puedo amar alguien cuando haya dejado de amar”.

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Cenicienta sabía que la palabra amor podía ser solo una palabra más de nuestro vocabulario y a la vez sabía que no se podía definir y por consiguiente poner límites a la expresión natural de cada ser humano.

Para ella el amor era como un teorema y como una fórmula interminable de propuestas. Entendía el amor como una luz que se dispersa por todo el universo, como las huellas que dejamos a nuestro paso o como un regalo que suele llegar tarde al corazón de todos aquellos que estimamos de un modo muy especial.

El amor, se decía así misma nunca podrá ser una creación humana y su naturaleza nunca podrá ser explicada por la bioquímica cerebral y por las conjeturas de la razón. El amor es simplemente ese algo interminable del cual estamos hechos y que nos define como seres humanos llenos de esperanza.

Sabía muy bien de lo que hablaba, a la vez que sabía que muchas de las supuestas expresiones afectivas de los seres humanas eran simples fantasías etiquetadas como amor como aquellos conceptos que dicen “el amor de mi vida eres tú”.

El amor vive en libertad – dialogaba consigo misma-, el amor no puede vivir en una prisión llamada dependencia emocional, el amor no puede ser adscrito a una sola muestra afecto, a una palabra o a un plan de vida.

Cuando lloramos “por lo que más queremos”, “porque nos quieren arrancar de la vida de otra persona” sufrimos, gritamos, nos desgarramos en dolor y llenos de ira reclamamos “la pérdida que acabamos de tener”. La sensación de pérdida inunda entonces nuestro ser y pensamos neciamente que lo hemos perdido todo cuando en verdad hemos dejado de ser esclavos de la tiranía del querer y de la posesión.

Recuerda lo que siempre has sido, has sido noche cuando la oscuridad poblaba la tierra y has sido día cuando el sol brillaba en lo alto.

El tiempo entre dos personas es eterno cuando se conjugan la libertad y la entrega mutua y es efímero en la conciencia de aquel que cree que el amor es una propiedad o una necesidad para satisfacer nuestro vacío existencial.

El alma cobija al amor como una madre a un hijo y el amor vive envuelto en todo y es ajeno a toda manifestación de miedo. El amor es la vida que se desarrolla en cada uno de nosotros, es una voz dulce que inunda nuestros sentidos y que nos permite decir y expresar todo aquello que habita en nuestro ser.

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