Fortalecer el Estado para sostener el futuro del Perú

Por Carlos Meneses

En definitiva, el mensaje de Velarde es claro: el desarrollo no está garantizado. Dependerá de la capacidad del país para construir un Estado más eficiente, inclusivo y preparado para enfrentar los retos del futuro.

Las recientes declaraciones del presidente del Banco Central de Reserva del Perú, Julio Velarde, no deben pasar desapercibidas. Más allá del reconocimiento a su destacada trayectoria, sus palabras constituyen una advertencia clara sobre los desafíos que enfrentará el país en los próximos años. En un contexto global incierto y con tensiones internas aún latentes, el Perú necesita algo más que estabilidad macroeconómica: requiere instituciones sólidas y un servicio público eficiente.

Velarde ha puesto el foco en un aspecto que históricamente ha sido una de las mayores debilidades del país: la calidad del Estado. Su llamado a “tener un mejor servicio público” no es retórico, sino una condición indispensable para garantizar el desarrollo. Sin funcionarios capacitados, comprometidos y con visión de largo plazo, cualquier intento de crecimiento sostenido será limitado. El problema no radica únicamente en la falta de recursos, sino en la capacidad de gestionarlos adecuadamente.

En esa línea, la fuga de talento aparece como un obstáculo crítico. Cuando los profesionales mejor preparados optan por emigrar en busca de mejores oportunidades, el país pierde una pieza clave para su desarrollo. Este fenómeno no solo afecta al sector público, sino también al privado, debilitando la innovación, la productividad y la competitividad. Revertir esta tendencia implica generar condiciones atractivas, tanto en términos salariales como en estabilidad institucional y meritocracia.

A pesar de estas preocupaciones, el Perú mantiene fundamentos económicos sólidos, en gran medida gracias a la conducción técnica del Banco Central durante las últimas décadas. La baja inflación, la estabilidad cambiaria y la capacidad de respuesta ante crisis externas son logros que no deben minimizarse. Sin embargo, como bien señala Velarde, estos avances no son suficientes si no se traducen en un crecimiento más dinámico e inclusivo.

El reconocimiento otorgado por la Cámara Peruana de la Construcción no solo celebra una gestión exitosa, sino que también invita a reflexionar sobre lo que viene. El país ya no cuenta con el impulso extraordinario del “boom” de materias primas, por lo que el crecimiento futuro dependerá cada vez más de decisiones internas. En este escenario, la articulación entre el Estado, el sector privado y la sociedad será determinante.

El próximo Gobierno tendrá la responsabilidad de recoger estas advertencias y convertirlas en acciones concretas. Apostar por la profesionalización del Estado, fortalecer las instituciones y retener el talento no son tareas opcionales, sino urgentes. El Perú tiene las bases para avanzar, pero necesita liderazgo y compromiso para no desperdiciar su potencial.

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