Los límites de la razón
Por: Willard Díaz.
Las exposiciones de abril en las salas del Complejo Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín mostraron una saludable inclinación a la diversidad iconográfica de la cultura visual arequipeña, que, en comparación con la pauta general de anteriores gestiones, da unos pasos sensibles hacia la modernidad.
En el vistoso conjunto destacó la colección de Marco Ángles García titulada “Signo y Símbolo”. Aunque habíamos visito algunas de sus imágenes por los pasillos virtuales de las redes, ahora, reunidas en un solo espacio, las obras de Ángles componen una totalidad que muestra mejor la compleja subjetividad del autor y su arquitectura barroca.
El conjunto recorre entre dos extremos: del orden formal milimétrico de los espacios rectilíneos por el que deambulan seres fantásticos, al caos pictórico y compositivo de las manchas gestuales de color. Las isotopías del abigarrado conjunto son, sin embargo, también notorias: cada cuadro intenta interpretar un mundo imaginario compuesto por indicios, iconos y símbolos de una exasperante vibración conceptual.
Empezando el recorrido por la izquierda hallamos “Mundo insomnio espejo”, que es una especie de plano ideal del equilibrio momentáneo, vamos luego a descender rápidamente hacia la descomposición de la fantasía en los siguientes cuadros, explosivos, perturbadores, plenos de colores sólidos y figuras exasperantes que irrumpen entre las rectas del campo visual y lo desorientan sin temor. La muestra en conjunto se torna alucinante, palpita y se estremece. Aunque en la última sala reaparezca un nuevo intento de equilibrio monocromático y lineal (“Un segundo, un millón”), el vértigo reina.
Pocas exposiciones se aventuran más por los espacios de la subjetividad y la fantasía como esta, que arriesga en el mullido repertorio local una aventura plástica desafiante y enajenante al mismo tiempo.
