Avanzamos, pero hay mucho por hacer

Por Andrea Flores

La reducción de la pobreza monetaria en el Perú durante el 2025 constituye una de las noticias más positivas para el país en los últimos años. En un contexto todavía marcado por la desaceleración económica global, la inestabilidad política y la persistencia de problemas estructurales internos, que más de medio millón de peruanos hayan logrado salir de la pobreza representa una señal clara de recuperación y resiliencia social.

Las cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) muestran que la pobreza monetaria descendió de 27,6% en 2024 a 25,7% en 2025. Detrás de ese indicador no hay únicamente porcentajes o cuadros estadísticos: existen familias que recuperaron capacidad de consumo, hogares que pudieron enfrentar con menos angustia el incremento del costo de vida y ciudadanos que encontraron nuevamente oportunidades económicas luego de años difíciles.

El dato resulta especialmente importante porque confirma que el Perú mantiene fortalezas económicas capaces de sostener procesos de recuperación aun en escenarios complejos. La estabilidad macroeconómica, la reactivación de algunos sectores productivos y el dinamismo del comercio y los servicios empiezan nuevamente a reflejarse en la vida cotidiana de miles de personas.

Más alentador aún resulta el retroceso de la pobreza extrema, que pasó de 5,5% a 4,7%. Ello significa que más de 258 mil ciudadanos dejaron atrás condiciones de vulnerabilidad severa. También destaca la mejora registrada en zonas rurales, donde históricamente se concentran las mayores carencias del país. La reducción de la pobreza rural de 39,3% a 35,5% demuestra que la recuperación económica comienza a extenderse más allá de las grandes ciudades.

Sin embargo, estos avances no deben interpretarse como el fin del problema. El Perú continúa siendo un país profundamente desigual, donde millones de personas sobreviven en condiciones precarias y permanecen expuestas a recaer en la pobreza frente a cualquier crisis económica, enfermedad o pérdida de empleo.

Las brechas territoriales siguen siendo enormes. Regiones como Cajamarca y Loreto mantienen índices de pobreza superiores al 40%, reflejando décadas de abandono estatal, limitada infraestructura y escasas oportunidades de desarrollo. A ello se suma la persistencia de servicios deficientes en salud, educación, agua potable y conectividad en amplias zonas del país.

Por eso, el verdadero desafío no es solo reducir la pobreza un año, sino sostener esa reducción en el tiempo. Para lograrlo se requiere fortalecer la inversión pública, generar empleo formal, impulsar la productividad regional y ejecutar políticas focalizadas en las poblaciones más vulnerables.

El país necesita estabilidad, pero también capacidad de gestión y visión de largo plazo. La reducción de la pobreza registrada en 2025 debe asumirse como una señal esperanzadora, pero también como un recordatorio de que aún queda mucho camino por recorrer para construir un Perú más equitativo y con oportunidades reales para todos.

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