EDGAR DEGAS: EL GENIO QUE INMORTALIZÓ A LAS BAILARINAS Y CABALLOS DE CARRERA

Por Julio Lopera Quintanilla (*)

Edgar Degas, considerado uno de los colosos de la Pintura Universal y uno de los gigantes del movimiento impresionista, logró, con pinceladas, agiles y sueltas atrapar las luces y los tiempos; captó admirablemente las sensaciones humanas y los movimientos de los cuerpos. Su producción plástica penetró en lo más profundo de la psicología de los personajes. Los grandes temas que lo llevaron a la morada de los inmortales representan bailarinas, desnudos y carreras de caballos.

Hilaire German Edgar de Gas, conocido como Edgar Degas, nació un día que cielo lloraba de la nostalgia en Paris, Francia en un contexto social y político de profunda crisis, era el 19 de julio de 1834. Sus padres fueron Agustín Degas, un banquero de gran éxito y su madre Célestine Musson, una mujer muy inteligente cuya familia provenía de Nueva Orleans, Estados Unidos de Norteamérica.

Quien sería uno de los grandes genios de la Historia del Arte Universal, simplifico su apellido a Degas, con ese nombre pasaría a ser un artista paradigmático entre los mortales y los inmortales. Su madre, falleció cuando era todavía un niño vivaz de trece años, a partir de ese día fatal, el padre y el abuelo se harán cargo de él.

En 1850, emprendió un difícil camino por la senda del arte de la pintura. Luego de concluir, con gran éxito, su bachillerato instaló en 1853 su atelier en su casa. Poco después se registró como copista del Museo del Louvre. En esa época, Degas copiaba obras de varios grandes maestros, en especial las de Delacroix y de Ingres.

En 1855, Edgar Degas conoció a Jean Dominique Ingres, quien, advirtiendo el gran talento del joven le dijo: “Dibuje líneas y más líneas, joven tomadas de la realidad y de la memoria, así se convertirá en buen artista” Ingres fue un visionario, sabía que el joven Degas sería uno de los Grandes de la Pintura.

Ese mismo año, quien sería llamado por la historia a ser un genio del arte, ingresó a la École des Beaux Arts donde estudió durante un año, bajo la tutoría de Louis Lamothe, que fue discípulo de Ingres. Fue, a través de Lamothe, que Degas recibió la gran influencia de Jean Auguste Dominique Ingres.

En 1856 realizó también copias de las pinturas de grandes artistas renacentistas, interesándose, de modo particular, por algunos detalles de las pinturas y de modo especial por las cabezas de algunos personajes ejecutando retratos de los mismos.

En 1858, Degas viajó a Italia donde vivió tres años. En ese periodo pintó su primer cuadro titulado “La familia Belleli” (óleo sobre lienzo, 200 x 253 cm, Museo de Orsay, Paris, Francia, 1858- 1867,) una de las obras maestras del pintor, una pieza de gran profundidad psicológica en la que alterna un riguroso realismo con su capacidad extraordinaria para retratar.

Edgar Degas, inició su carrera ejecutando piezas de género histórico como:  “La hija de Jephthah” (óleo sobre lienzo, 195 x 253 cm, Smith College Museum, Northtamplon, Masachusetts, Estados Unidos, 1861), “Alejandro y Bucéfalo” (óleo sobre lienzo, 115 x 89 cm, Nacional Gallery of Art, Washington, Estados Unidos, 1861), “Semiramis construyendo Babilonia” (óleo sobre lienzo, 151 x 258 cm, Museo de Orsay,  Paris, Francia, 1861) y “Jóvenes espartanos haciendo ejercicio” (óleo sobre lienzo, 109 x 155 cm, Nacional Gallery, Londres, Reino Unido,1861)

En la década de 1870, el pintor  deja el género histórico, para incursionar en la pintura ecuestre ejecutando diversas escenas sobre carreras de caballos tan sorprendentes como la extraordinaria pieza “Carrera de caballeros antes de la salida” ( al pastel sobre lienzo, 49 x 62 cm,  Museo de Orsay, Paris, 1869) que evidencia el interés del maestro por el Realismo anterior al Impresionismo, un cuadro en el que con su técnica  maravillosa representa personajes cuya realidad psicológica, aborda presentándonos una escena dinámica que se caracteriza por el nerviosismo y la tensión que sufren los jinetes con sus caballos de carrera en los momentos anteriores al inicio de la  carrera. Es un cuadro que muestra por un lado una gran instantaneidad y por otro, gran movimiento.

Otra de las grandes obras del arte del francés es “Un carruaje en las carreras” (óleo sobre lienzo, 36 x 55 cm, Museo de Bellas Artes, Boston, Estados Unidos, 1869) una excepcional  pintura en la que se representa a la familia Valpincon en su carruaje paseando un día de campo. En la escena que pintó el gran impresionista francés está retratado Paúl Valpincon, un pintor de gran relevancia por su estrecha relación con los grandes maestros de la época, con su perro, su esposa, protegiendo del sol a Henri su pequeño niño.

En 1870, al estallar la guerra entre Prusia y Francia, el pintor se alista como voluntario en la infantería del ejército francés. Durante los ejercicios de entrenamiento, Degas descubre que tiene una grave enfermedad ocular que con el tiempo le provocará ceguera. Es una época de gran sufrimiento, no solo por la guerra sino por el hecho de saber que en un futuro no podrá ver la luz del día, además de pasar por la pena de tener que vender su casa después de 1873 para saldar las deudas contraídas por su hermano y salvar la reputación familiar.

Sin embargo, es en ese periodo de su vida, en el que se erigió como el líder de los Impresionistas, aunque personalmente no estaba de acuerdo con la denominación “Impresionismo”, y más aún, solicitaba que también se incluyan piezas de pintores de otros movimientos en las exposiciones del Salón Des Réfuses (Salón de los Rechazados) que era el lugar donde exponían sus obras los Impresionistas porque los integrantes del movimiento que estaba señalado con dicho nombre no eran admitidos, en esos tiempos, en el Salón de París. Después de varios conflictos con otros representantes del Impresionismo, el grupo se desintegró en 1876.

Entre las pinturas más importantes de la obra pictórica de Edgar Degas destaca “El ajenjo” llamada, también, “La bebedora de absenta” (óleo sobre lienzo, 92 x 68 cm, Museo de Orsay, Paris, Francia, 1876) La extraordinaria obra plástica representa a un hombre y una mujer que están sentados en el centro de la pintura delante de una mesa con un vaso de líquido verdoso, el ajenjo. El hombre con sombrero que mira a la derecha fuera del cuadro, es Marcellin Desboutin un pintor y grabador y la mujer vestida formalmente que mira hacia el suelo es Elllen Andrée, una actriz de la época. Ambos personajes, están embriagados por la bebida y tienen diferentes estados de ánimo, la actriz se ve cansada y el pintor mira con gran escepticismo al café que queda fuera del cuadro.

A Degas, quien pintó piezas de varios géneros, le encantaba pintar bailarinas, pero, fue después de 1870, que la pintura sobre temática de danza se fue incrementando porque el maestro tenía la necesidad de terminar de saldar las deudas que contrajo su hermano ya que las propuestas que ofrecían dicha temática y narrativa tenían bastante acogida. Estas piezas, también, demuestran un cambio en la temática, en el estilo y en la paleta; cambió los colores opacos por colores mucho más vivos, un cambio significativo en su forma de pintar.

Entre estas obras, destaca la sin par “La clase de Ballet” (óleo sobre lienzo, 85 x 75 cm, Museo de Orsay, Paris, Francia, 1894) que muestra un conjunto de bailarinas de Ballet que esperan la evaluación de su maestro, Jules Perrot en el escenario de la Ópera de París. Muestra unas bailarinas fatigadas que ya no prestan atención al maestro, lo que indica que la clase está finalizando. La pintura presenta una escena cotidiana, la realidad social de unas artistas de medios modestos que dependían de hombres adinerados La obra fue realizada por encargo del cantante de ópera Jean Baptiste Faure. Es una de las obras más extraordinarias de Degas.

Otra de las pinturas más reconocidas del famoso parisiense, que también se enmarca en el contexto de la temática de danza, es “La estrella o bailarina en escena” (pastel sobre papel, 60 X 44 cm, Museo de Orsay, Paris, 1878) es un cuadro que nos presenta una bailarina solitaria en el escenario, muy iluminada por la luz. La artista baila con los pies de puntillas manteniendo el equilibrio sobre una de sus piernas. Luce majestuosa un hermoso vestido blanco con flores. Su rostro y sobre todo sus ojos, muestran el éxito obtenido con toda su actuación.

“La bailarina basculando”, llamada también “La bailarina verde” (pastel y goauche, 64 x 36 cm, Museo Thysen Bornemisa, Madrid, España, 1878 – 1879) es otra de las más sobresalientes pinturas de bailarinas de ballet, un cuadro de extraordinaria belleza que pone delante de nuestros ojos una bailarina en medio de un difícil y veloz giro sobre el escenario captada desde un palco lateral. La pieza tiene la influencia del arte de Japón y de la fotografía.

Degas, también ejecutó “Dos bailarinas en amarillo y rosa” (carbón y pastel sobre papel, 67 x 67 cm, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina, 1898) muestra dos bailarinas descansando entre bastidores después de una extenuante presentación. Es una de las obras más reconocidas del famoso maestro francés.

La brillante carrera del famoso pintor francés Edgar Degas concluyó en 1912. El maestro nunca contrajo matrimonio, vivió los últimos años de su fructífera existencia completamente solo y casi ciego y a medida que transcurría el tiempo, su problema visual se acrecentaba. Anduvo caminando por las calles de París hasta que falleció la noche del 27 de setiembre de 1917 y fue sepultado en la cripta familiar en el cementerio de Montmartre. Había dejado de existir en el plano terrenal para trascender y existir por siempre en la Historia de los Grandes Maestros de la Pintura Universal.

Edgar Degas, es uno de los más grandes genios del movimiento impresionista, aunque no se sentía impresionista, un pintor que desarrollo un arte con características muy propias. Uno de sus temas fundamentales es el de las bailarinas; expuso con su genial talento la gracia del trabajo artístico de las bailarinas de ballet y el rigor que caracteriza a dicho oficio.

Giulio Carlo Argan, uno de los más reconocidos historiadores y críticos de Arte más importantes del siglo XX, expresa al referirse a la obra del francés: “Degas más que un dibujante, es un colorista, no es un antimpresionista entre los impresionistas, es un espíritu ambiguo y contradictorio que se mueve entre sus impulsos progresivos y sus rémoras conservadoras”.

¡Celebremos este mes de julio al gran Edgar Degas, el pintor de las bailarinas y los caballos de carrera!    

(*) Centro Cultural Unsa

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