Julio Romero de Torres: entre el simbolismo, el flamenco y la tradición española
Por Julio Lopera Quintanilla.(*)
Julio Romero de Torres, es un eminente Maestro de la Pintura Española, que se adhirió a los postulados estéticos del Simbolismo, de la Generación Novecentista y del Movimiento Modernista. Representó, sobre todo, a la mujer del sur de España, a la mujer gitana plasmando en su producción el mágico universo del flamenco y la tauromaquia antigua de los andaluces. Su paleta, se caracteriza por sus tonos oscuros.
El maestro español destaca por la precisión de su dibujo, por sus geniales composiciones en las que se equilibran los tonos negros y en algunos casos, también, los azulados y los verdosos. En el desarrollo del estilo del gran pintor andaluz se distinguen dos etapas: La primera está marcada por el Realismo Social, su estilo primigenio, oscila entre el Impresionismo y el Modernismo, la segunda por el predominio del Simbolismo con una influencia manierista. En este segundo período de su desarrollo profesional es cuando el pintor alcanza su plena madurez como artista.
Romero de Torres vino al mundo en una ciudad milenaria, que fue por siglos uno de los centros culturales más importantes del mundo, otrora capital del Califato de Occidente, la madrugada del 9 de noviembre de 1874 en la plaza del Potro. Fue, su padre, el conocido pintor y restaurador don Rafael Romero Barros y su madre fue Doña Rosario de Torres Delgado, quien, tenía también, amplios y diversos conocimientos sobre arte y supo inculcar en su hijo el amor por la pintura. Estudió la secundaria en el Instituto Góngora de Córdoba, la tierra de sus ancestros, y también realizó entre 1884 y 1890 estudios en el Conservatorio de Música de su ciudad natal. Además, recibió clases de dibujo y pintura en la Escuela Provincial de Bellas Artes de la ciudad y paralelamente en el taller de pintura de su padre quien era Director del Museo de Bellas Artes de Córdoba.
En 1890, Romero de Torres, a la tierna edad de 16 años, ejecuta “La Huerta de Morales” (óleo sobre lienzo, 40 x 36 cm, colección particular, 1890) una obra de estilo costumbrista que representa un lugar de los alrededores de Córdoba. La pintura pertenece a la etapa formativa del pintor.
En 1895, el joven pintor andaluz, logró una Mención Honorífica en la Exposición de Bellas Artes de Madrid con su pintura “Mira qué bonita era” (Óleo sobre lienzo, 148 x 213 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España, 1895) La pintura reúne los tres grandes temas del maestro: la mujer, la muerte y el sentimiento de la copla de Andalucía.
En 1897, el pintor cordobés, se hizo acreedor a la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes con su cuadro “Conciencia tranquila” (óleo sobre lienzo, 310 x 225, Museo de Arte Reina Sofía, 1897) una pieza en la que representa a un obrero esposado mientras un juez registra su casa. La obra se enmarca en el contexto del Realismo Social.
En 1899, Julio Romero de Torres, conoció a Francisca Pellicer López, hermana de Julio Pellicer, escritor y amigo del pintor, entablaron una amistad que pronto derivó en amores y en un embarazo no deseado. Julio, tenía 24 años y Francisca, tan solo 18. Indignado por la situación, Julio Pellicer, le dijo a Romero apuntándolo con su pistola: “O te casas con mi hermana o te mato”, poco después, los dos muy enamorados se casaron. El matrimonio tuvo tres hijos: Rafael, Amalia y María de los Ángeles.
El pintor, asumió en 1902 el cargo de docente como Maestro Numerario de la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Córdoba teniendo un buen desempeño desde el inicio de su labor como profesor. En 1903, solicitó permiso en la institución para realizar varios viajes con el fin de ensanchar sus horizontes artísticos.
Viajó a Marruecos buscando un encuentro con el colorismo local. Pintó en dicho país “La monta” y “Calle Tánger” En 1904, estando en París, entró en contacto con el Modernismo y el Simbolismo que tanto influyeron en la evolución de su pintura, de modo particular en su lenguaje alegórico y metafórico.
Entre 1905 y 1913, ejecutó “Poema de Córdoba” (óleo y temple sobre lienzo, 88 x 514 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España) un magistral retablo que se constituye en una verdadera carta de amor visual a la tierra que lo vio nacer. En la obra se vale de la figura de la mujer para representar el espíritu y la historia de Córdoba, la hermosa y antigua ciudad construida por los árabes en la ribera del Guadalquivir.
La obra está constituida por ocho paneles en los que el pintor andaluz representa a ocho mujeres que a modo de alegorías simbolizan las diferentes realidades históricas, religiosas y culturales de la ciudad: la Córdoba Guerrera, La Córdoba Barroca, la Córdoba Judía, la Córdoba Cristiana, la Córdoba Romana, la Córdoba Religiosa y la Córdoba Torera.

En 1908, Julio Romero de Torres, ejecutó “La musa gitana” (óleo sobre lienzo, 97 x 158 cm, Museo Nacional de Arte Reina Sofía, Madrid, España, 1908) una pintura famosa que representa a Ana López, una muchacha de Córdoba, que vendía flores en los cabarés de la ciudad. Su posición reclinada y su mirada desafiante fueron causa de escándalo en la época. La pieza tiene la influencia de Tiziano, de Goya y Manet. Con la pintura ganó la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes.
En 1911, el gran pintor ejecutó el cuadro “Retrato de Adela Carbone” (óleo sobre lienzo, 166 x 103 cm, colección privada) conocido también como “La Tanagra” representa a la actriz del mismo nombre sujetando una figura de terracota que fue hallada en Tanagra, Antigua Grecia.
En 1912, Romero de Torres, pintó “Nuestra señora de Andalucía” (óleo y temple sobre lienzo, 169 x 200 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba España) una interesante pintura en la que están presentes cinco personajes. La composición es de tipo piramidal y representa en el centro a María la sastra que en la obra simboliza a la mujer de Andalucía. A la derecha, sosteniendo de rodilla parte del mantón blanco hay un personaje femenino que representa a María Casena y simboliza el cante y a la izquierda, también de rodillas aparece la bailaora llamada La Cartulina que representa el baile flamenco. Detrás de ella hay un hombre ataviado con el sombrero cordobés de pie, es Junillo, el chocolatero que tiene entre sus manos una guitarra, simboliza la música. El personaje de la esquina inferior es el pintor.
En 1916, fue incorporado en la plana docente de la Real Academia de San Fernando de Madrid como Profesor de Dibujo y Vestimenta Antigua. En la prestigiosa institución sus amplios conocimientos de las técnicas de la pintura le granjearon la admiración de diversos pintores costumbristas y simbolistas.
Hacia 1922 pintó “Cante hondó” (mescla de óleo y temple sobre lienzo, 168 x 141 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España) una extraordinaria pintura que tiene en el centro de la composición es una mujer con mantilla que sujeta una guitarra. La pieza inspirada en el famoso Concurso de Cante Jondo que se realizó en Granada el año que la pintura fue realizada, representa la lírica popular andaluza.
En 1928, ejecuta “La Virgen de los Faroles” (óleo sobre lienzo, 160 x 107 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España) una obra en la que se entremezcla el Simbolismo popular de Andalucía con el arte religioso. La obra se pintó a solicitud de Rafael Cruz, el alcalde de Córdoba, quien hizo este importante encargo para ocupar un retablo exterior del muro de la Mezquita – Catedral. Hoy se exhibe en el museo que lleva el nombre del artista.
Ulteriormente, el pintor ejecutó “Fuensanta” (óleo y temple sobre lienzo, 100 x 80 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España, 1929): Retrata a una mujer con los brazos apoyados sobre un caldero de cobre, el personaje tiene una mirada seria y profunda. En la pieza el manejo de la luz y el color señalan un estilo propio.
Entre 1929 y 1930, el pintor español ejecutó “La chiquita piconera” (óleo al temple sobre lienzo, 100 x 80 cm, Museo Julio Romero de Torres, Córdoba, España), la obra cumbre del maestro cordobés. La retratada de nombre María Teresa López es una niña de 14 años que es representada frente a un brasero de cobre. Tiene la mirada fija en el espectador, tras ella hay una puerta abierta que muestra parte del paisaje natural y urbano de la ciudad.
Romero de Torres, con tan solo 55 años, partió a la eternidad la noche del 10 de mayo de 1930 como consecuencia de una enfermedad en el hígado que lo llevaba aquejando tiempo después de culminar su famosa pintura “La Chiquita Piconera”, sus restos descansan en el cementerio San Rafael de la ciudad de Córdoba, España. Su deceso causó un enorme impacto en el mundo de la cultura en España y Europa.
Julio Romero de Torres es un pintor simbolista que tiene un dibujo preciso, una extraordinaria habilidad para representar con gran sensualidad la figura humana, de modo particular la de la mujer andaluza envolviéndola en un halo de misterio. Su pincel, es capaz de transformar la realidad en alegoría.
El famoso poeta y dramaturgo Ramón del Valle Inclán expresó al referirse a Julio Romero de Torres y su obra: “Su pintura busca la verdad del espíritu y de la memoria por encima de la realidad visual. Para el pintor cordobés, el arte es como una emoción duradera”.
